Morir por nada
Por Ernesto Cabrera Tejada
Pastor Virviescas, mi destacado profesor de comunicación, periodista, premio Simón Bolívar por trabajos muy reconocidos, nada influidos. Insistía en que la muerte está siempre presente en nuestras vidas. -Es la referencia a evitar en lo posible de nuestra cotidianidad social-.
La ausencia de mejoramiento político ha establecido permanentes enfrentamientos sociales, a las grandes necesidades el gobierno ha justificado ideológicamente la mentira y ha descuidado o despreciado la seguridad abriendo la puerta a la muerte.
Se ha fortalecido la corrupción no la democracia. La verdad no se muere cuando se mata a un periodista, pero borra dudas sobre su mayor peligro, investigar. Y peor aun cuando se investiga la complicidad autoridad y delincuencia.
El trabajo periodístico produce información, que es de todos y para todos los ciudadanos porque es la mejor herramienta de todos para hacer ostensible la honestidad e inmoralidad del poder. Por ello cuando matan a un periodista, de alguna manera se están arrebatando derechos y libertades fundamentales en democracia; el derecho a estar informados y a expresarnos en libertad.
No es menos cierto que la manipulación desde la retórica periodística conduce a escenarios teatrales, se asume como “defensor del pueblo” o ajustar información como un “líder social” cuando en realidad median contrataciones que hacen sesgo u ocultamiento de información oficial. Pero cuando se cruza la muerte se limita el poder de las palabras, se marca un límite, ¿somos capaces de sacar las conclusiones correctas?
Esas conclusiones deben orientarnos como electores en las votaciones de este año 2015, exigirnos en el crecimiento democrático, querer, buscar y construir en desarrollo real y no fingido como ha sucedido hasta ahora, incluirnos en actos que valoran y respetan la vida humana, la de los periodistas y la de todos los demás.
-La muerte no es gloria, es muerte- reiteró mil veces Pastor, mi apreciado profesor, entiendo ahora que la muerte es vida perdida, no puede ser una virtud o un símbolo. Y si algunos le consideran así en el entorno social, la muerte es entonces una alegoría a las decepciones y las dificultades, no a los méritos y los convencimientos.
