Moral-istmo
Lucas Mateo
En un típico caso de doble moral, cosa acostumbrada en nuestra sociedad, un senador conservador sale en cruzada, similar a los tiempos medievales y oscurantistas, con su antítesis política, una senadora liberal, para hablar en defensa del orden divino de la conformación familiar, condenando a su paso, la idea de familia homoparental. En un acto casi que ecuménico, esa fórmula dispar, el senador hablando desde el judeocristianismo y los postulados de la iglesia católica, y la senadora hablando desde el protestantismo de las hoy llamadas iglesias cristianas, promulgó los postulados de las buenas costumbres, el orden clerical de las cosas y condenaron a los que se atreven a desafiar el orden establecido divinamente hablando: a la población LGBT y más aún, a los miembros de ésta que quieran adoptar.
En una sociedad como la nuestra -con familias fragmentadas, familias superpuestas, familias desplazadas, familias cercenadas por la sierra eléctrica, que dejan como resultado a muchos menores en condición de orfandad (por las masacres perpetrada en el desarrollo del conflicto armado y por los mal llamados falsos positivos) y a otros, en condición de abandono por parte de sus progenitores (debido a muchas circunstancias, entre ellas las económicas, las socio-culturales)- se prefiere seguir condenando al menor huérfano a la orfandad y al menor abandonado al abandono, porque su suerte depende del moralismo de nuestra ‘correcta sociedad’ y su paradigma de familia nuclear-tradicional.
Caso curioso. Ese senador conservador que condena las posibilidades de adopción por parte de la población LGBT, es el mismo que siendo presidente del Congreso hiciera caso omiso a las querellas que el entonces director de la Policía Nacional le presentara, relacionadas con un posible caso de acoso sexual, en el que uno de sus colegas, valiéndose de su ‘honorabilidad’ de senador, estaría acosando sexualmente a un miembro de su ‘anillo’ de seguridad. “…Y más de un victoriano había descubierto que las relaciones sexuales con miembros de las clases inferiores, de uno u otro sexo según los gustos personales, eran muy gratificantes”. (Hobsbawm). Quizá ese caso de acoso sexual (no heterosexual) no fue mal visto por el entonces presidente del congreso, porque seguramente es menos homosexual un senador que acosa sexualmente a un policía de su ‘anillo’ de seguridad, que un miembro de la comunidad LGBT que declara abiertamente su opción sexual contraria a su género y pretende conformar una familia homoparental.
“Yo no tenía la información pertinente para denunciar” dijo en una entrevista al Diario del Huila, y ¿por qué no trabajó, junto con sus Unidades Técnicas Legislativas (UTL´s), recolectando las pruebas necesarias para haber abierto las investigaciones del caso? Creo que si se hubiera hecho a tiempo ese trabajo de denuncia, la hoy conocida ‘comunidad del anillo’, no hubiera ‘anillado’ tanto la institucionalidad. Ahora será llamado por la Procuraduría a declarar; quizá vaya a misa con su copartidario, el procurador, y pues como el que peca y reza… Ojalá el senador conservador y la senadora liberal, y las más de 3 millones de personas que firmarían para sacar adelante la iniciativa de referendo que pretende evitar la adopción por parte de familias homoparentales, destinen sus diezmos para apoyar programas orientados a los miles de menores en condición de orfandad y abandono, o por lo menos que adopten un niño y siembren un árbol, así tendremos un ambiente sano.
