Monseñor Jaime Tovar
Julio Cesar Triana Quintero
El viernes pasado en horas de la tarde, Dios reviso la lista de aquellos que han dedicado su vida a servir y que han interpretado bien su palabra para actuar en medio de la humildad y la entrega total por los demás.
Se destaca en esa lista el nombre del padre JAIME TOVAR, a quien el todopoderoso decidió llamar a su lado, para que el cielo ganara un muy meritorio siervo de la palabra y la humanidad perdiera un inigualable predicador. Fue una noticia que particularmente me lleno de profunda tristeza pero también desprendiéndome del egoísmo característico del ser humano, entendía que la misión de aquel santo había sido cumplida y de qué manera, en ésta atribulada tierra.
Hace 11 años tuve el honor de conocer a éste hombre, que convertido en apóstol de la iglesia Católica, trabajaba de manera incansable para lograr que quienes practicamos ésta fe no desfalleciéramos en ello. Sostuve largas conversaciones con el padre JAIME TOVAR; se trataba de una persona bien informada, implacable en sus conceptos y críticas, aquellas mismas que en varias ocasiones nos llevaron a entrar en contradicciones en las pocas veces logre vencerle por la firmeza de sus convicciones y la coherencia de su pensamiento.
La vehemencia y elocuencia con la que abordaba cada uno de los temas que se proponía tratar, hacían que los fieles encontráramos en él, más que un sacerdote, un defensor permanente de los derechos humanos y de las clases más desfavorecidas; era habitual escuchar en sus sermones la frase “Mi compromiso con Cristo me obliga a comprometerme con los más necesitados con los verdaderamente pobres”. Así, fiel a sus principios, asumió con liderazgo y carácter una férrea oposición al Quimbo, lidero marchas y participó activamente en defensa de las personas humildes maltratadas con ese megaproyecto, doliéndose de todo el maltrato que se generaba a la población, llegando a sostener que esas pobres familias que allí resultaban afectadas sabían en pescar, pero no saben luchar.
La vida de monseñor TOVAR, su espíritu revolucionario y ante todo su humildad, conjugada con el enorme carácter que siempre observó, son ejemplos dignos de seguir. En días modernos en los que se cuestiona con frecuencia a algunos miembros de la iglesia católica, la misión cumplida por este servidor de la fe, justifican la incansable lucha del papa Francisco y nos alienta como católicos. Paz en su tumba.
