Mis pesquisas sobre el robo al alcalde de Neiva
Édgar Artunduaga
Preocupado por el robo infame de que fue víctima el alcalde de Neiva, Pedro Hernán Suárez, he volcado imaginación, esfuerzos y pesquisas para aportar algunas luces y sugerencias que permitan dar con los responsables.
Es entendible que Suárez tuviera dos cajas fuertes en su casa, y su esposa otras de para guardar sus joyas y otras cositas propias de una mujer precavida que no quiere repetir la pobreza de recientes tiempos.
Los malditos ladrones se empecinan en creer que los altos funcionarios esconden millonarias sumas de dinero y documentos comprometedores. Quizá por eso robaron a Jaime Bravo, cuando se estaba despidiendo de la gobernación, y también a Héctor Aníbal Ramírez.
Gobernantes y políticos suelen manejar dinero en efectivo para mayor eficacia de su patriótico empeño y de paso eludir explicaciones a la DIAN, la Fiscalía y tantas “ias” que enredan todo. Y cuando la cantidad es muy grande y no cabe en el maletín y otras alforjas, la caja fuerte es la solución.
Veo que no se ha caído el comandante policial y que las cámaras que apoyan la vigilancia no arrojan respuestas contundentes, excepto que el carro era conocido, parecido a uno que les resulta muy familiar.
¡Familiar!, exclamé entonces, como sabueso iluminado. Y me acordé de la frase aquella, que supuestamente es de un tal señor Anónimo: -“No hay peor ladrón que el de tu misma mansión”.
La sospecha es grave pero en estas materias ninguna hipótesis se puede descartar. Que revisen bien porque alguien cercano sabía de los tesoros que guardaba el ahorrador alcalde.
Es posible que tuviera un dinero importante porque los bancos son usureros. Alguna copia de un contrato, quizá cierto acuerdo, porque lo bien escrito ahorra discusiones. Sin descartar un ladrillo del viejo estadio que hoy remodela a costos estrambóticos. Si nadie guarda algún recuerdo, él lo hará –en gesto desgarrador- por amor a la ciudad.
Es posible que en las cajas fuertes hurtadas (el tamaño de la reserva exigía que fueran más) Suárez guardara el viejo repuesto de un avión de la empresa TAO de su familia. O el rabo que cortó su cuñado torero en la tarde que conoció a su esposa Margarita. O las escrituras de alguna propiedad para sorprender a sus descendientes.
Pero volvamos a la investigación. Fueron personas de su entorno, o los vecinos, o los porteros, o la policía. Que todos sean sospechosos. Eso de que roben al propio alcalde de la ciudad, el encargado de brindarnos seguridad, me tiene indignado.
¿Y si fue un autorobo? No lo descartemos. Hace poco leí que una mujer comió gratis en varios restaurantes famosos. Cuando le traían la cuenta simulaba atorarse con un condón. En cierta ocasión hasta le pagaron para que se callara. Las cifras de la policía hablan de un 60% de denuncias por robos fingidos.
No creo, sinceramente, que esta conjetura sea posible, pero la traje a colación porque nosotros los investigadores miramos con lupa y no desechamos presunción descabellada.
Hay algo que no me cuadra totalmente y es que Suárez haya dicho que solamente le robaron unas chucherías. En ese caso me irrito más: ¡no hay derecho a desperdiciar las cajas fuertes!
