Mirada al pontificado romano
La fiesta del Apóstol y primer Papa, San Pedro, (29-06), es ocasión para echar una mirada al significado del Pontificado Romano.
Dios, en su bondad y poder infinitos, para reparar el pecado de la humanidad envío a su propio Hijo. Ese Hijo de Dios, hecho hombre, cumple su misión redentora, entrega a los humanos el mensaje del Padre celestial, muere en la cruz y resucita, y, para llevar adelante la obra que ha iniciado, funda su Iglesia. A la cabeza de ella, dejó como primer Vicario suyo a Pedro, sencillo pescador de Galilea. (Mt.16,18). Allí comienza la historia de quien moriría en Roma dando valiente testimonio de fe y amor al Jesús, dejando allí su sucesión apostólica.
Desde el mismo Pedro ha habido en los dirigentes de este Reino de Dios grandes flaquezas, hasta nuestros días, pero esa obra de Dios, ha desafiado tales tormentas pues Jesús le empeñó su palabra: “Yo estaré con ustedes, todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt. 28.20). Grandes obras se ha ejecutado los Pontífices en Roma, como las realizadas a favor y defensa de la ciudad por un S. León Magno (440-461) o un Gregorio VII con reclamo de la autoridad pontificia al interno y externo de la Iglesia (1073-1085), o un Julio II (1503-1515) con sus monumentales y artísticas obras que han inmortalizado la Ciudad. Hemos tenido páginas oscuras, en el vivir de algunos Pontífices, inmersos en carne frágil, pero son apenas lunares al lado de tantas muestras de grandeza, unidas a la esplendente santidad de al menos 50 Papas, con formidable balance de bondad y de efectiva labor en el Pontificado Romano.
Manifiesto e indiscutible servicio han prestado, a la Iglesia y al mundo, también, Papas como un León XIII, o San Pio X o Pio XII, de gran ciencia y santidad, proclamado “defensor de la ciudad” en medio de las destrucciones de la Segunda Guerra mundial. Inigualable la labor de Papas como Juan XXIII, Paulo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y el feliz y admirablemente reinante Papa Francisco.
No necesitan nuestros Papas aplausos, pero, ante tantas vociferantes en su contra, bien está poner de relieve los magníficos aspectos de Pontificado Romano. Admiración y gratitud debe la humanidad a nuestros Papas, que al igual que Jesús, en su gran mayoría, han “pasado por el mundo haciendo el bien”. (Hech. 10,38).
