domingo, 12 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-09-14 08:19

Mi voto por el no, en el juego del si y del no

Jaime Salazar Díaz

Escrito por: Redacción Diario del Huila | septiembre 14 de 2016

Un juego macabro que Santos convirtió en mediático salto mortal para los que voten NO, o en ingreso al paraíso para los que voten SI. La realidad es que no es ni lo uno ni lo otro. La vida en Colombia no va a cambiar por arte de magia como lo anuncia el Presidente.  Ni era la guerra ni será la guerra. Hace 6 años, al final del gobierno Uribe y aún menos, hace 4, al comienzo de Santos en 2012, las FARC eran una guerrilla en derrota, huyendo despavorida hacia la profunda selva perseguida por el ejército. Los cabecillas flojos, como Márquez y Timochenko, hoy de liquiliqui en La Habana, muertos del susto por los helicópteros y los tucanos se escabulleron del país. Su principal ocupación en las áreas de frontera selvática: la siembra, preparación y exportación de cocaína a los mercados mundiales en sociedad o competencia con tenebrosos criminales mejicanos. El control del ejército y la policía, con la cooperación internacional, disminuyeron a 40.000 has. los cultivos.

Simultáneamente, con los índices de seguridad y un potencial histórico de gentes acostumbradas al trabajo, porque a los colombianos nunca nos han regalado el bienestar, se multiplicó la inversión extranjera y doméstica en el país. En el Huila, donde todos somos testigos, se inició una bonanza que se reflejó en nuevas actividades agrícolas de exportación. Se activaron vías, y las ciudades marchitadas por la guerrilla comenzaron a crecer. Nuevas empresas, colegios y universidades ofrecieron empleo y estudio a las crecientes generaciones. Pero sin que el país se enterara, a Santos, a las escondidas, se le ocurrió una idea genial: ¡hagamos rapidito las paces con las FARC! Esos muchachos tienen buenas ideas, rebosan de solidaridad, han sufrido mucho,… organicemos una mesa de trabajo, pongámonos de acuerdo en las condiciones, en unas semanas firmamos y le contamos a todo el planeta. Incluído al Papa Francisco. Pero… “una cosa piensa el burro y otra el que lo está enjalmando”: los muchachos de las FARC sí firmaban pero con una pequeña condición: que les regalaran medio país! Que ellos con ese medio, un esfuercito adicional, algo de cooperación política del vecindario y los “ahorros” de la coca para reciclarlos en mermelada, ahora tan efectiva para ganar elecciones, en unos pocos años se adueñarían del resto. Al final, con la asesoría y hospitalidad de los hermanitos Castro y contando con el valioso y oportuno afán de Santos, consiguieron principalmente: curules gratis y sin votos para ingresar al Congreso, sin importar que algunos tengan las manos untadas de sangre de inocentes; convertir en delito “político” (entiéndase perdonarles) la producción y venta de  coca, que incluye tácitamente la inicua distribución de droga en los colegios para iniciar niños como drogadictos; relativizar aún mas la administración de justicia que de por sí ya no está operando. Este es el camino, que con la corrupción de la clase política, colapsa al país. En este momento, entrarán los “salvadores” de camuflado, sin armas. Ya no las necesitan. Las felicitaciones internacionales a Santos llegan todos los días. No saben, ni les interesa saber a qué costo (los remitentes están ocupados en sus propios problemas). Somos los colombianos y sólo nosotros los que tenemos que echarnos a cuestas los errores de nuestros malos gobernantes. Esos errores suelen tener consecuencias que pueden durar varias generaciones. También pueden costar “sangre, sudor y lágrimas”, decía Churchill. A mí Santos no me da confianza. Nos engañó con sus intenciones escondidas. Por eso votaré NO.