Mejor los carros que la gente
Neiva cada vez presenta más cambios sustanciales. Más comercio, más urbanismo, más brecha económica, más pobres, más habitantes de la calle, más limitaciones, pero sobre todo, más carros. Y se percibe una importancia mayor a los nuevos edificios y a los nuevos carros. Mucha más importancia que a la gente.
¿Ha observado que los vehículos tienen prioridad en las calles, avenidas, parques, canchas de fútbol, y hasta en los centros comerciales?
Caminar por las calles y avenidas del microcentro de Neiva, ya no es un placer, ahora es una bochornosa faena de la que todos queremos salir rápido, o la que nos gustaría, en lo posible, evitar. Pues los espacios los han ido ganando las construcciones, los avisos, los negocios, pero sobre todo, los carros y las motocicletas.
Desplazarse o circular por el centro de la capital huilense se convirtió en una actividad agobiante y peligrosa. Pues se ha llegado al punto que no se puede transitar de ninguna forma, ni en carro, ni a pie. Hay que decir que el traumatismo se ha intensificado con el exagerado programa de semaforización de los últimos años. No siempre el fin justifica los medios.
Los gobiernos y el Estado no pueden seguir con este tipo de planeación urbana donde lo que menos prima es el bienestar de la gente. Es cierto, que el presente siglo ha visto realizarse una de las mayores transformaciones de la vida en el planeta: la mayoría de habitantes de la tierra ha desertado del campo y vive ahora en las aglomeraciones urbanas. La ciudad ha pasado a convertirse en el hábitat más común del ser humano. En la actualidad existen unas catorce megaurbes con más de 10 millones de habitantes y en cuatro de ellas (Tokio, Nueva YorK, Sao Paulo y México) viven más de 16 millones de personas. Con una circulación vehicular agobiante, con densidades de habitantes por hectárea doble o triple a las correctas para una gran convivencia y con una atmósfera contaminada irrespirable viven día a día. Estas enormes metrópolis ya no garantizan la ciudadanía de sus habitantes, entendida ésta como igualdad de condiciones y de derechos.
En los países pobres donde se multiplican las megaurbes por la brutal migración del campo a la ciudad y donde estará ubicado, en el futuro, el 90% de las grandes capitales, se carece a menudo de trama definida, de red de comunicaciones, de edificios sólidos, de alcantarillado, de sistemas de recogida de basuras, de agua corriente, de tendido eléctrico, de transporte y a veces hasta de administración pública. La ciudad se ha convertido también en el campo de batalla de las nuevas guerras contemporáneas. Nueva York, Madrid, Bagdad, Estambul, Jerusalén y Moscú, son ahora nombres asociados a monstruosos atentados cuyas principales víctimas son los habitantes de esas ciudades, rehenes involuntarios del terrorismo internacional. Esta presencia es cada vez más visible y más irreversible.
Las pequeñas capitales, como Neiva, deberían preocuparse más por pensar en una ciudad que ofrezca más espacios para la gente, más escenarios donde los transeúntes, propios y turistas, puedan deleitarse con paisajes, vitrinas, exhibiciones, señalización adecuada, espectáculos, o simplemente espacios donde se pueda apreciar a la otra gente sin la preocupación de que ellos o sus hijos van a ser arrollados por un auto en cualquier momento. Debería pensarse en la posibilidad de sacar el tránsito vehicular de algunas calles del microcentro de la ciudad.
Eso traería más turistas y con ellos llegarían más ingresos. Londres cada año recibe 15 mil millones de dólares por concepto de turismo, cifra superior al valor de todas las exportaciones colombianas sumadas. Todo porque tiene sitios agradables y espaciosos para caminar, tiendas atractivas para apreciar libremente, y sobretodo, gente. Así como para los niños es atractivo ver a otros niños, para los adultos es ver a otras personas. Somos sociables por naturaleza. El urbanista Jan Gehl encontró que las bancas más usadas en los parques no son siempre las ubicadas en los lugares más hermosos, sino aquellas por donde más personas caminan.
Vale la pena tener en cuenta, que los lugares atractivos y de más recordación para los visitantes son precisamente aquellos donde los peatones pudieron caminar libremente y se extasiaron con sus alrededores. Es bastante peligroso caminar por la ciudad neivana, carros y motos se suben a los andenes invadiendo peligrosamente el espacio de la gente. Y lo más deprimente: el número de carros sigue aumentando.
