Me da mucho miedo de tener la razón...
…cuando siento que tenemos un Presidente con una gran inseguridad política dando bandazos en temas muy importantes de la vida nacional.
La economía, las relaciones internacionales, las propuestas de necesarias reformas en Justicia, Salud y otras, propuestas al Congreso, han terminado en estruendosos fracasos al tener que ser retiradas del debate.
Inconsistencia ? Inseguridad ? Improvisación ? Son preocupaciones nacidas de los comportamientos políticos a que nos tiene acostumbrados el Presidente Santos cuando de tarde en tarde aplica los frenos y pone la reversa a temas que había anunciado con bombo y platillos y que venía impulsando con mucho entusiasmo. Excepción hecha, eso sí, en honor a la verdad, al trabajo por la paz, al desarrollo de la internacionalización de la economía y al programa de infraestructura vial encargado al Vicepresidente Germán Vargas Lleras. Pero es en el tema de la Paz, fundamental para la vida de todos los colombianos, de esta y de las subsiguientes generaciones, en donde radica el temor del título de la presente columna. Podrían detenerse las locomotoras que aún siguen resoplando y hasta engavetarse algunos otros proyectos anunciados con propiedad en el telepronter presidencial, pero dar un portazo a la paz a estas alturas de las expectativas nacionales e internacionales sería desastroso, no solo para el mismo Presidente, que no importaría tanto si miramos su manera de ser, si no para la esperanza de los colombianos que ha crecido a niveles bíblicos, casi irracionales. Quienes hemos vivido mas años que la mayoría de los compatriotas vemos con mayor objetividad las reales posibilidades de un acuerdo. Ponemos en una balanza los sueños y las pesadillas. Tenemos presentes los engaños anteriores, a Belisario, a Barco, a Andrés Pastrana. Conocemos el corazón de los hombres que se aventuraron en la guerrilla y que han comprometido a la razón o a la fuerza el futuro de miles de jóvenes todavía ignorantes, la mayoría de familias campesinas, que hoy se arrepienten y se desmovilizan diariamente por docenas buscando un mejor destino para su vida. Pero los cabecillas, cómodos sátrapas de sus “frentes” y “columnas” que administran para sí, sin control, cuantiosos botines provenientes de la comercialización de la coca, de las extorsiones y secuestros, que pasan sus temporadas de descanso fuera de Colombia, ¿estarán dispuestos a renunciar a su jugosa actividad? Hubiera sido mas prudente, antes de proponer una precipitada paz quimérica y mediática, esperar una situación obligante ya muy adelantada por la eficacia de las Fuerzas Armadas, que exigiera un necesario acuerdo. Hoy estamos los colombianos de bien, divididos por la mitad, ambas partes en pos de un acuerdo, vigilantes y pendientes de las a veces fanfarronadas “ideológicas” de unos supuestos “jefes” guerrilleros que hace muchos años no acompañan a sus tropas porque prefieren descansar en Venezuela y en Cuba. Las alertas del Centro Democrático no son palos en la rueda de la paz. Son claras y francas advertencias a todo el pueblo colombiano que honesto y trabajador ha sido fiel a las instituciones. Así las cosas tengo temores…ojalá no tenga la razón.
