viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-05-15 08:26

Mazacote

Busqué por todas partes la forma de sacarle el quite a la cloaca en que se ha convertido la campaña presidencial colombiana —que ya todo está dicho, que al meterse uno se unta, etcétera—, pero hay asignaturas ineludibles en esto de opinar en público y nuestro reciente mazacote político parece ser una de ellas.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | mayo 15 de 2014

Descontando a los grupos armados y a las múltiples mafias que se salen del mapa ético por “mérito” propio, voy a referirme en forma descendente, de peor a menos malo, a quienes nos hacen daño. Esa es, entre otras, la escala a la que nos veremos abocados los electores el 25 de mayo y el 15 de junio, por cuanto no existen ni un candidato ni una campaña ideales.

No de hoy, sino desde 2005, el mayor daño infligido al país por un político activo ha corrido por cuenta de Álvaro Uribe. Sí, bajo su mando la relación de fuerzas militares empezó a favorecer al Estado y a desfavorecer a la guerrilla y eso se le agradece. Lo que no sabíamos era el precio que Uribe iba a cobrarnos por los servicios prestados. De nada sirvió que el país lo honrara con dos elecciones, la segunda de las cuales ya vino manchada de trampas y artimañas, o que la gente lo apreciara. Siendo todo un expresidente de la República, miente, acusa sin pruebas y dice de frente que no hay que cumplir la ley. Es inaudito. El Uribe de hoy es una suerte de chavista de extrema derecha, un megalómano que está dispuesto a echar a la caneca cualquier institución que lo toque a él o a sus protegidos. Éstos, a su vez, creen que cargarse las instituciones es casi de rigor para satisfacer al caudillo. No por otra razón hemos visto a Óscar Iván Zuluaga y a Luis Fernando Hoyos, con lo modositos que parecían, recurriendo a maturrangas incalificables para ganar la elección. El fin no sólo justifica los medios a sus ojos, sino que hace casi obligatorio recurrir a la arbitrariedad y a la desfachatez. Guácala.

J.J. Rendón se ha granjeado una fama dual muy complicada. Sí, es perseguido por la nomenclatura chavista y eso le da un aura de mártir. En paralelo, ha estado en numerosas campañas por las que uno no votaría ni amarrado, ha recurrido a tácticas rastreras con las que ha ganado mucho dinero y no parece hacerle el asco a casi nada. Dicho esto, ni Daniel Coronell ni nadie ha demostrado hasta ahora que Rendón haya recibido plata del tal Comba y sus compinches. Mucho menos ha aportado Uribe pruebas de que su antiguo proveedor, asesor y amigo ingresó dos millones de dólares de los narcos a la campaña de 2010.

Juan Manuel Santos es responsable de falta de escrúpulos en la medida en que contrata a un impresentable para su campaña y se alía en provincia con otros impresentables. De resto no está demostrado su dolo en el caso Rendón-Chica, y hasta que esto no se demuestre, los electores no tenemos por qué creerles a sus enemigos, que son peores que él.

El fiscal Montealegre anda en plan mesiánico, repartiendo papaya en vasos llenos a sus malquerientes cada que le ponen un micrófono enfrente. ¿No puede ser seria la ley, no es posible pedirle aplomo al representante de la sociedad en materia penal? Montealegre no ha violado leyes, salvo las leyes del decoro y de la sindéresis.

Quedan las otras tres campañas, ninguna de las cuales aparece involucrada en el mazacote. Lo que cabe reprocharles es que no se erijan —y se les está haciendo tarde— en una alternativa clara y atractiva. Ojalá se espabilen y nos convenzan de que con ellos otro gallo cantaría.