Matoneo y discriminación
Eso es lo que se encuentra a la orden del día en este país de matones y discriminadores para aniquilar entre otros derechos, el derecho fundamental a la igualdad, que en esta sociedad, machista, hipócrita, fanática religiosa y ultramontana,
sigue siendo una mentira que solo aparece mencionada en la Constitución y en la Ley con carácter súbdito y sin fuerza por supuesto, porque la misma sociedad y el Estado que nada controla y garantiza se encargan de que así sea.
Tal es lo que ha sucedido con el doloroso y dramático caso de Sergio Urrego matoneado y discriminado por sus profesores por su condición sexual al saber que no podía tener espacio como ser humano libre y con derecho a la igualdad para manifestar su sexualidad que no podía ofender a nadie, salvo a trogloditas mentales fanatizados por el prejuicio vulnerador de los más elementales derechos humanos con un sedimento eminentemente religioso, proveniente de quienes por su formación tenían el imperioso deber de evitar el matoneo y la discriminación que llevaron a segar la vida por propia mano de un joven sano y buen estudiante lleno de ilusiones que apenas comenzaba a vivir, y cuyo único pecado fue nacer diferente a los demás en materia de sexualidad en esta sociedad de matones y discriminadores.
Hay que ver el procedimiento de matoneo y discriminación que se adoptó en el colegio donde estudiaba Sergio para llenarse de indignación como seres humanos por el arrasamiento de su dignidad humana al tratarlo en forma absurda como un enfermo por su condición sexual que necesitaba tratamiento sicológico para curarse, por haber manifestado simplemente su amor homosexual como lo haría cualquier joven heterosexual de su edad, violando atrozmente su derecho a la igualdad, y lo que es todavía más grave y repudiable, endilgarle de manera infame que era un acosador sexual por haber dado un beso a su pareja, que fue finalmente lo que llevó al suicidio porque no quería como lo expresó en su carta explicativa de su fatal determinación, que lo lapidaran “con una oscura mancha llena de mentiras”.
No pudo ser más perverso e inhumano el proceder del colegio católico donde estudiaba Sergio para discriminar por razones fanáticas religiosas que desdicen de la condición humana, que por supuesto es la misma sociedad, y también hay que decirlo sin elipsis, cuenta con el respaldo del mismo Estado que tiene un procurador fanático religioso y medieval que estimula estas manifestaciones discriminadoras de la mano de la Biblia, en lugar de censurarlas como representante de la sociedad invocando nuestra Constitución de libertades como le corresponde para que no se sigan presentando estos casos aberrantes de violación de los derechos humanos por razones de sexualidad, que mientras continúen no nos podremos apellidar como una sociedad civilizada regida por un Estado laico respetuoso de las libertades. Tendríamos que marchar todos los colombianos como lo vienen haciendo muchas personas frente al colegio discriminador para reclamar igualdad para los estudiantes gais pidiendo respeto y protección para sus derechos fundamentales.
