María Fernanda es un encanto
Por Hugo Fernando Cabrera Ochoa
“Un lujo de mujer” diría mi madre seguramente al referirse a la esposa del actual gobernador del departamento del Huila Carlos Mauricio Iriarte, no sólo por su calidad humana, por sus excelsas condiciones de hija y esposa, sino por su compromiso irrestricto con la comunidad en general, sin tener en cuenta otros intereses más que los de ayudar a mejorar las condiciones de vida de algunos segmentos de población vulnerable de este departamento.
Una verdadera gestora social es lo que requiere una región con tantas desigualdades en cuanto a las condiciones de vida de la comunidad, sobre todo en lo que hace referencia a la niñez y a la mujer como parte fundamental de la sociedad.
La Constitución Política permite la elección de alcaldes y gobernadores por medio del sufragio, abierto para todos aquellos que cumplen con las condiciones mínimas para votar, pero ésta no habla sobre la elección de una persona que deba contar con un cónyuge que cogobierne y tome decisiones administrativas que sean competencia del ejecutivo, no obstante, si quien llega a gobernar tiene pareja, ésta puede desarrollar labores sociales y comunitarias de gran impacto, logrando con esto adornar la gestión de quien fue elegido en las urnas.
María Fernanda Ramírez ha comprendido noble y humildemente muy bien su función y ha sido un ejemplo como “Primera Dama”, con una prudencia suma que en nada ha interrumpido la ejecutoria de su esposo y gobernante nuestro, pero sí ha logrado un protagonismo especial en la escena social que la ha mostrado como una mujer sumamente sensible ante la problemática que se registra entre la niñez menos favorecida, la falta de participación para las mujeres, además de la escasa atención a sus necesidades, sin dejar de mencionar un tema no menos importante que hace referencia a los adultos mayores.
La percepción general es que es un encanto como ser humano. Los funcionarios de la gobernación la admiran absolutamente y resaltan de ella el respeto claro que ha tenido frente al mandato de su esposo y las determinaciones que como gobernante él ha tenido que tomar. La gente del común la aprecia y la ve con muy buenos ojos y reconocen su labor, que aunque poco sonora, porque además no le gustan los voladores y las fanfarrias, es muy representativa y se siente con fuerza.
La Comisión de Equidad de Género del Congreso de la República la exaltará hoy, muy merecidamente, aunque pienso que su mayor reconocimiento es el abrazo de un niño, la sonrisa agradecida de una madre cabeza de hogar y la bendición de un abuelo.
