jueves, 16 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-02-11 06:24

María del Pilar….

Por Gloria Cepeda Vargas

Escrito por: Redacción Diario del Huila | febrero 11 de 2015

Como el hijo pródigo, ha vuelto María del Pilar Hurtado. Empujada  por vendavales innombrables, la ex directora, durante el segundo período de Uribe del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), principal centro de inteligencia estatal de Colombia, decidió echarse al hombro la responsabilidad que le correspondía en las gravísimas infracciones cometidas  bajo su dirección, recatándose a la sombra del presidente Martinelli en Panamá. Hoy, acorralada por la circular roja expedida en su contra por la Secretaría General de Interpol, regresa donde nunca ha debido salir sin haber aclarado, como protagonista del mismo, uno de los escándalos más graves ocurridos en el país: espionaje a magistrados, periodistas y políticos de oposición y desvío de investigación en el caso del periodista Jaime Garzón.

El caso de esta “funcionaria proba”, como la califica su antiguo jefe, sería  claro como el agua si nos dignáramos por primera vez hacer uso adecuado de tantas seguridades democráticas, estados de derecho, equidades sociales, debidos procesos y demás frases rimbombantes que conforman el vocabulario de juristas y demás yerbas en Colombia.

Empecemos por el principio: ¿De quién dependía el  DAS? Dependía directamente de la presidencia de la República. Es decir, que su ex directora era inmediata subalterna de esa instancia. ¿Y quién era para entonces el jefe de ese exclusivo habitáculo? Era, por segunda vez, el doctor Álvaro Uribe Vélez. ¿Quién desataba órdenes, truenos y relámpagos? El dueño del cotarro ¿Quién las ejecutaba, quizá balanceándose entre la tierra y el cielo? Su subordinada, zombie o títere,  María la del Pilar, como dice la copla.

Lo que sucede es que pertenecemos al clan de los amordazados y daltónicos. Todo el mundo sabe quién forjó esta tragicomedia. Los medios de comunicación lo sugieren o entrevén, mientras el eterno damnificado de tanta impudicia: el pueblo, continúa intuyendo, porque la verdad que debería conocer por derecho, se le enmascara o elimina. Unos pocos parlamentarios como Juan Carlos Galán e Iván Cepeda, señalan al senador Uribe como ideólogo de tan complejo y hasta ahora impune desatino. Pero la mayoría baja la cabeza y calla.

En un país presidencialista como el nuestro, el Presidente de la República es al unísono jefe de la administración, del Estado y del  gobierno. Esta triple jefatura le concede importante dominio político, pero el alcance de esto palidece ante la irreflexiva obsecuencia que recibe. Ni el presidente ni los demás funcionarios beneficiados con el fuero concedido a su investidura, son seres angélicos. Solo criaturas humanas, hechas de barro e impotencia. ¿Queremos aclimatar  la paz en Colombia? ¿Dar sombra dignamente, constituir ejemplo y buen recuerdo? Entonces aprendamos a sancionar y premiar por méritos, no por dinero, poder o tradición.