martes, 14 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-10-24 11:02

Marketing político y manipulación de la opinión pública

German Alfonso López Daza

Escrito por: Redacción Diario del Huila | octubre 24 de 2015

Derecho, Política y Sociedad

La presente campaña electoral se ha caracterizado por colosales sumas de dinero reflejadas en un agresivo marketing político que nos tiene ahogados en una ciudad contaminada con publicidad política. Vemos pendones con rostros pixelados, sonrisas con dentadura perfecta, lemas de campaña que repetidos muchas veces en los medios se transforman en realidad, así todos sepan que son mentira. En fin, son muchas las estrategias que por estos días los publicistas y las campañas políticas (principalmente para alcaldías y gobernaciones) desarrollan ante la opinión para buscar su voto.

Quienes poseen el recurso económico pueden acceder con gran facilidad a la publicidad en los medios masivos de comunicación, lo cual es actualmente determinante para influir en la denominada “opinión pública”. Como diría el maestro de la manipulación del siglo XX Josef Goebbels, Ministro de Propaganda del gobierno Nazi: "una mentira mil veces repetida ante la opinión pública se transforma en verdad".

Goebbels aplicó muchos principios para la manipulación de masas que coincidencialmente hoy se ven en muchas campañas. Por ejemplo, mensajes sencillos, adaptados al menos inteligente de los individuos a los que va dirigido. Cuando más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. O el principio de la transposición que consiste en atribuir al adversario los propios errores y defectos y responder siempre al ataque con el ataque. Una de las máximas de Goebbels es: "si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan".

El marketing político y su estrategia de maquillar y vender a su candidato como un producto más de consumo masivo, puede tener éxito el día de elecciones. El resultado final lo vemos ahora: campañas con frases de cajón, plagadas de imágenes comunes, sin propuestas de fondo, debilidades personales mostradas como fortalezas, candidatos sin méritos pero presentados como los adalides del cambio, etc. Ante este panorama manipulador, el elector debe hacer uso de todo su raciocinio e independencia y elegir libremente sin dejarse llevar por el encanto de la publicidad política pagada. (*Director Grupo Nuevas Visiones del Derecho - Universidad Surcolombiana).