Maltratos sicológicos
Astrid Helena Cristancho Palacio, la secretaria del Defensor del Pueblo, afirmó que su jefe la maltrataba. Para ella, la única salida era su renuncia y lo hizo esta semana, en medio de un escándalo que puso en duda el profesionalismo del alto funcionario.
“Desde el principio me encontré con una inclemente violencia verbal y psicológica, gritos, zapateos, manoteos, amenazas, pataletas, malos tratos, en general. Este comportamiento es denigrante no sólo para mí, sino para muchos de mis compañeros”, señaló la mujer.
De probarse que este hecho es cierto, porque él no ha dado su versión, es reprochable y debe ser investigado disciplinariamente.
Hay muchos casos de maltratos sicológicos a empleados que vemos en muchas instituciones del Estado y del sector privado. Desgraciadamente, en la mayoría de estos casos las víctimas son las mujeres.
En Neiva, el año pasado se ventiló el maltrato a una funcionaria de la Contraloría de la ciudad. También fue un escándalo y la víctima fue una mujer.
Es lamentable que los empleados tengan que aguantarse tratos indignos a costa de permanecer en un cargo y poder sostener al menos su mínimo vital. Casos se escuchan a diario en algunas instituciones de la ciudad.
Estos maltratos, al igual que los abortos ilegales, yacen en el silencio de la clandestinidad, pero socaban de muchas maneras la dignidad de las personas.
No debemos subestimar los casos de violencia sicológica, y menos en casos en los que esté involucrada una mujer, pues lo que comienza como maltrato mental puede terminar en una lesión física.
Recordemos que según la última revista Forensis (Medicina Legal) Neiva se encuentra entre las ciudades con mayor maltrato a la mujer.
Es lamentable que por el mero hecho de ser mujer o por considerar a la mujer únicamente en sentido utilitarista, se le destruya y se le prive de oportunidades para representar importantes cargos en entidades estatales o públicas.
La Ley de cuotas es una buena forma de darles participación a las mujeres en instituciones del Estado. Una importante forma de hacer valer su trabajo y enviar un mensaje a la sociedad, de tolerancia y respeto hacia el que por mucho tiempo se le llamó el ‘sexo débil’.
