Malo si bajan las pensiones, bueno si las suben
Un anónimo representante del partido Conservador por el Guaviare, siempre dispuesto a hacerles vueltas a sus amigos del sector oscuro de la política y la justicia, osó llamar a indagatoria a dos magistrados y tres conjueces de la más alta corte, la Constitucional, aprovechando su paso transitorio por la Comisión de Acusación de la Cámara, ese órgano nefasto del ordenamiento estatal.
El tipo en cuestión se llama Constantino Rodríguez quien, por fortuna para el país, se quemó en las elecciones de marzo y no volverá al Congreso. Por supuesto él no va a abandonar así no más los cargos de poder. Y por eso, desde ya, anunció que aspirará a ser gobernador de su departamento. Pobre región: tras piedras, palo.
Como investigador, Rodríguez Calvo vinculó penalmente (!!!) a los cinco togados por haber argumentado jurídicamente a favor de un fallo que ordena reducir las megapensiones (de $18, 20 y 24 millones) de un grupo de exparlamentarios y exmagistrados, a niveles socialmente aceptables (de $14 y 15 millones), en una comunidad en la que miles de ancianos mueren de desamparo antes de recibir el reconocimiento de una mesada que no alcanza a $500 mil. Calibren la paradoja: este Rodríguez que intenta humillar a los firmantes de la sentencia que apenas rozó el bolsillo hambriento de unos pudientes, es el parlamentario denunciado por el Fiscal General por haberles archivado, sin motivación jurídica de peso, la investigación a varios miembros del Consejo Superior de la Judicatura por el carrusel de las pensiones, un sistema corrupto que consistía en incrementar, mediante maniobras maliciosas, el monto de la jubilación (de $3, 4 o 6 millones) de togados de menor rango que, después de 60 o 90 días de trabajo, saltaban a mensualidades de $12, 13 y 14 millones.
En resumen, el representante que fanfarronea porque sentará en la silla de los sospechosos a juristas de la respetabilidad personal e intelectual de Juan Carlos Henao por el ‘delito’ de bajar unas pensiones de privilegio, es el mismo que cerró los ojos cuando se les aumentaron las jubilaciones a otros, con trampitas a la ley. En el caso de la Judicatura, Rodríguez favoreció al inolvidable Henry Villarraga y a sus colegas de penoso recorrido Angelino Lizcano y Julia Emma Garzón. Favoreció también a los magistrados auxiliares que ellos nombraron, causantes de un detrimento de alrededor de $4 mil millones del erario. En el caso de las megapensiones, Rodríguez apoya, en primer lugar, a su copartidario Pablo Victoria, que litiga en causa propia porque es uno de los que recibían por encima de $20 millones cada mes. El representante ayuda también al abogado culebrero de Victoria, Ricardo Cifuentes que, además de los del denunciante, vela por los intereses de sus clientes de la parapolítica, exsenadores que si bien purgan o purgaron pena por concierto para delinquir, continúan llenando sus arcas cada treinta días con lo que les gira Colpensiones, porque para ellos sí hay plata. La historia continúa: en sus ratos libres, Cifuentes demanda a la Nación ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por las condenas que la otrora respetable Corte Suprema profirió contra sus poderdantes por haberse aliado con Mancuso, Jorge 40 y demás asesinos y autores de masacres. Cifuentes no cree que ese pequeño detalle sea suficiente para llevarlos a la cárcel, perseguidos ellos.
El que les acabo de relatar, es el desastroso panorama del país de hoy. Con razón Henao, digno rector de la Universidad Externado, contestó ante tan absurda noticia: “si tengo que ir a la cárcel por ese fallo, voy feliz”. El mundo al revés: malo si bajan unas pensiones de excepción; bueno si suben dolosamente otras.
Por: Cecilia Orozco Tascón
