jueves, 16 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-05-02 07:37

Mala educación, mala sociedad

Por José Eliseo Baicué Peña

Escrito por: Redacción Diario del Huila | mayo 02 de 2015

Hace unos años la UNESCO denunció que que en el mundo hay más de 105 millones de niños y jóvenes que no acceden a la escuela y, que por consiguiente, estas personas están expuestas a tomar como proyecto de vida cualquier opción que se les presente durante esa etapa de la vida o en su transcurrir mediato.

Las evaluaciones llevadas a cabo en el plano nacional e internacional muestran que los niveles de aprovechamiento escolar son muy bajos en los países con ingresos escasos y medios, así como entre los grupos desfavorecidos de algunas naciones industrializadas.  El informe señaló, igualmente, que la proporción de jóvenes escolarizados a nivel mundial es hoy mayor que nunca.  Sin embargo, muchos abandonan la escuela antes de llegar al quinto grado de primaria, o finalizan sus estudios elementales sin dominar un mínimo de conocimientos.  Eso sin mencionar que los que continúan no tienen claro qué estudiar, y mucho menos, saben qué desean ponerse a hacer, es decir, no tienen un proyecto de vida definido.

Esta situación se debe principalmente a la baja calidad de la educación y a las condiciones poco favorables que ofrecen muchas instituciones, tales como el exceso de estudiantes por curso, inadecuada infraestructura física, profesores poco calificados y mal remunerados, y a la falta de escenarios donde los jóvenes puedan plasmar sus ideas y opiniones; pues los nuevos modelos formativos que impone la globalización, se soportan en que a los estudiantes no basta darles información, sino que es conveniente y altamente gratificante, detectar sus talentos y formas de pensar, permitiéndoles  y facilitándoles los medios  para que lo hagan.  Pareciera que se ignorara que asistimos a la sociedad del conocimiento, a la sociedad de la información, a un mundo que exige e impone cada vez nuevos retos. Pues se vivencia una dinámica a ritmos cambiantes que requieren prepararse de manera continua y completa.

Este ideal de formación sí es posible cuando en las instituciones se tienen definidos criterios claros y precisos sobre el perfil de sus graduandos, calidad de la educación impartida, y adecuada interacción con los gremios, es decir, el contacto con el mundo laboral que los rodea y donde posiblemente se desenvolverán. Hasta aquí todo está bien. Pero…¿es posible alcanzar estos propósitos misionales cuando sus docentes imparten y manejan modelos de formación de manera muy aislada e inclinados básicamente por intereses particulares?  Por supuesto que no.  Cabría preguntarse también si los profesores incluyen continuamente dentro del proceso de aprendizaje una buena dosis de conceptos soportados en los principios y valores institucionales, que a la postre y de manera continuada contribuyen al proceso de formación específica en que se erigen los egresados del momento.  

Hoy por hoy se hace necesario pensar, repensar y actuar de acuerdo con los nuevos postulados y desarrollos del mundo.  Sobre todo, cuando se interactúa con jóvenes, población que debería vivir en continuo cambio.  Pues ellos están sintonizados con los nuevos modelos y saben que necesitan una buena preparación académica, pero también son conscientes de que es preciso ser prácticos, lo que se traduce en adaptación a los nuevos cambios que exigen agilidad, destreza y, sobre todo, viabilidad de los procesos.  Es decir, hoy en el planeta es clave saber, pero es muy importante y necesario saber hacer.  No hay que olvidar que la buena educación genera buenos resultados, y la mala, una mala sociedad.