Mal ejemplo
Helber Mauricio Sandoval Cumbe
Como creo que lo piensa la mayoría del país, la paz es un propósito en el que debemos confluir y seguramente sacrificar muchas de nuestras convicciones personales.
Pero lo anunciado por el Gobierno durante la presente semana en torno a que la firma del acuerdo que la cristalice ya no se hará el día 23 de marzo de 2016, es una muestra palpable, oficial y definitiva de la improvisación, la falta de seriedad y el desdén con el que los latinos manejamos buena parte de nuestra vida.
Es mi gremio, el de los abogados, es común escuchar que los términos y las horas se aplican a nuestro ejercicio pero no al de los jueces; que éstos pueden iniciar las audiencias cuando a bien tengan y fallar cuando puedan, y nadie se atreva a recordárselos. Más usual resulta –ya en lo doméstico-, prometer bajar de peso, dejar de beber, ahorrar y hasta pagar oportunamente las deudas, aunque el implacable paso del tiempo nos recuerde que ni siquiera esas pequeñas metas las alcanzamos.
Pero ese incumplimiento institucional sí que tiene efectos nocivos en el imaginario común. Así como el niño no comprende porque su padre le pide que no mienta mientras niega su presencia en casa para evitar un cobrador, así mismo no se entiende cómo un tema de semejante calado como la paz y su ambiente de tranquilidad, se postergue tan alegremente y sea suficiente argumento justificativo el que como llevamos décadas en esto, en nada afecta un mes más.
La psicología clínica y social lo tienen definido. No hay mecanismo educativo más adverso que el mal ejemplo y si como en éste caso, el mismo viene de las máximas autoridades del Estado, qué esperar del ciudadano común?; cómo reprocharle a un Ministro que no hubiese previsto un muy seguro desabastecimiento de energía si el primer mandatario, sin sonrojo alguno, reconoce que fue apresurado fijar un plazo por hacerlo, aunque no estuviesen dadas las condiciones para cumplirlo.
Como se recordará, ese plazo se fijó el 23 de septiembre de 2015 para responder la capciosa arremetida de la oposición que en el afán de torpedear el proceso, reclamaba plazos y el Gobierno, emotivo, cayó en la trampa y complació esa agradable pero riesgosa cualidad nuestra “la suavena”.
Qué difícil es el ejercicio de la disciplina, pero que funesto es para una sociedad que sus autoridades, aquellas que deben velar por el orden constitucional y la regularidad de las relaciones sociales, sean precisamente las que den tan mal ejemplo de incumplimiento de la palabra y con ello sigan desacreditando un proceso del que hay que reconocerlo, muy poco se ha socializado.
