Más valores para la convivencia
Por José Eliseo Baicué Peña
Escuchar los diálogos de los jóvenes hoy día, resulta una experiencia sorprendente y preocupante a la vez. Pues se advierte que aunque vayan a la escuela y aprendan las operaciones básicas de matemáticas, sepan quién fue Napoleón Bonaparte, quién tradujo los Derechos del Hombre y en qué lado está situado el corazón, se nota que en cuanto a valores, urbanidad y civilidad, ¡cero huevito y mucho error!
Pero claro, es que ellos aprenden de lo que ven en los adultos y demás personas. Y ésta no es una postura de defensa.
Los valores tradicionales de respeto y cortesía o como se les quiera llamar, se han perdido poco a poco y ya no parecen tener ningún sentido; es más, creo que están en franca decadencia, casi devaluados y muy cerca de la extinción. También hay que entender que el contexto en que vivimos influye notoriamente.
A veces hasta parece que ser bueno pasó de moda, que ser decente y honesto es ser tonto o hacer el oso, y que quien es más grosero y grita más, consigue las cosas con mayor facilidad. A los niños se les enseña temprano que llorar no es cosa de hombres, y desde muy pequeños tienen que mostrar su hombría "a golpes"; al tiempo que a las niñas se les inculca que son iguales a ellos, y si ellos patean, pues a patear entonces.
¿Y de quién es la culpa? La mayoría de las veces se la echamos a la escuela, pero creo todos somos culpables; los padres y las madres, porque le dejamos esa tarea a la escuela cuando es en el hogar en donde se debe comenzar con las primeras lecciones. Cuando los niños llegan a la escuela ya llevan la base de su formación, ya deben saber cómo conducirse frente a los demás, cómo tratar a los adultos, a los maestros, cómo actuar en un sitio público; entender que en la calle no se tira basura, que no deben decir palabras vulgares y que el mundo no es solo de ellos, sino que le pertenece también a los demás.
Los valores nos ayudan a convivir como seres humanos y esto no debería ser exclusivamente un asunto de las grandes empresas, de grupos cívicos, clubes, gremios, de las instituciones políticas o de los profesores y adultos. Los valores deben ser la columna vertebral de la convivencia sana entre los seres humanos: los valores individuales, los valores familiares, los valores sociales y hasta los valores nacionales.
Pero si nos interesa de verdad hacer cambios positivos en nuestros jóvenes, debemos cuestionarnos cómo están nuestros propios valores: si somos honestos, probos, generosos y considerados, y lo más importante, preguntarnos de qué manera afecta a los demás una vida con ausencia de valores.
Los gobiernos, la escuela, las entidades, los medios de comunicación y por supuesto, la familia, deberían pensar en campañas, planes o programas que tendieran a recuperar estos elementos perdidos como el valor de la palabra, la responsabilidad y la tolerancia, entre otros.
Qué intolerancia y qué falta de principios y valores. La vida no puede seguir costando unos pesos; ni mucho menos estar en manos de cualquier semejante. Aquí valdría la pena revisar qué planes de acción deben llevarse a cabo para minimizar esta falencia. Y para ello, es preciso responder algunas preguntas: ¿qué tipo de hijos estamos formando los padres, qué clase de ciudadanos está formando el Estado, cuáles son las políticas educativas de la nueva sociedad y qué están haciendo las secretarías de educación?
No hay que olvidar que la adolescencia es la edad en que se conoce muy poco de la vida, el joven tiene sueños, ilusiones, fantasías, pero hay algo que no puede ignorar: ser protagonista de su propia vida. Es la edad que pueden mejorar, cambiar, controlar y regir sus actos afirmándose en cada etapa que transcurra. Y en el hogar, es preciso hacer que ellos se sientan responsables y útiles para el grupo familiar
Aunque la UNESCO declaró el 16 de noviembre Día Internacional de la Tolerancia, la sociedad de hoy reclama que los principios, los valores y la tolerancia deben estar con nosotros todos los días.
