Los tiempos de la guerrilla
Por Julio Cesar Triana Quintero
No es de poca monta lo dicho por el presidente Juan Manuel Santos en el marco de la Cumbre de las Américas al afirmar que la guerrilla ha expresado su voluntad de acabar este año con el conflicto armado más largo del mundo. La afirmación hecha por el mandatario de los colombianos hace que en nuestra patria soñemos con la firma de la paz y que los países miembros de esa Cumbre se solidaricen con un proceso, que aunque ha logrado dividir la opiniones, se convierte en la oportunidad de oro para dar por terminado este absurdo baño de sangre en el que hemos vivido y crecido miles de Colombianos.
Tal vez, la guerrilla no ha dimensionado lo que significa para quienes creemos y le apostamos a la paz, que ellos tengan el gesto valiente y decidido de poner el acelerador a fondo al proceso, y ojala fuera el propio grupo insurgente quien determine una fecha límite para la firma de los acuerdos definitivos. Seria clave para la credibilidad del proceso, que los negociadores de la Farc le comunicaran de manera abierta y sincera al país, cuales son los tiempos para la firma de los acuerdos definitivos, y cuáles son los tiempos reales en la agenda de ellos. De no ser así, lograrían que los opositores a este proceso, que por cierto cada día son más, sigan teniendo éxito en el desprestigio de los diálogos y en presentar este anhelo de millones de colombianos como una simple utopía de un gobierno que le ha apostado todo a la Paz.
Es claro, que es casi imposible borrar de nuestras mentes y de nuestros corazones los actos atroces cometidos por la Farc, pues este grupo guerrillero no puede esperar un borrón y cuenta nueva, máxime teniendo en cuenta la legislación vigente tanto interna como internacional, lo que de entrada se convierte en el mayor reto para los negociadores de las dos partes, pues resulta absurdo y hasta ridículo pensar que los jefes de la Farc saldrán de la Habana a la cárcel. Son muchas las razones para pensar que lo más difícil de este proceso será la etapa final, donde se hablara de amnistías y demás concesiones con las que suelen terminar este tipo conflictos.
Los colombianos tenemos que estar preparados para el Perdón y para contribuir con la etapa final de este proceso, en el que le corresponde al Gobierno hablar de posconflicto y a los ciudadanos superar la rabia y el odio por la reconciliación. No será fácil convivir con quienes hasta el momento son titulares de la violencia y el terror, pero en el futuro serán ciudadanos tratando de rehacer sus vidas.
