Los temas habituales de las columnas regionales
Por Álvaro Hernando Cardona González
Pasan tantas cosas en nuestras regiones, que quienes nos dedicamos al noble oficio de escribir nuestros pensamientos y opiniones, a veces no sabemos cómo y qué tema elegir. Es que hay ocasiones en que no solo ocurren muchas cosas, sino que son todas tan importantes y válidas que quisiéramos opinar sobre cada una y no se puede.
Queridos lectores, ustedes no imaginan lo difícil que es concretar un argumento e idea en máximo 2.300 caracteres con espacios, como nos lo exigen nuestros editores.
Esta semana por ejemplo podríamos escribir sobre la detención del gerente de Comfamiliar del Huila, unos ex alcaldes y unos funcionarios de la empresa Medi Laser y las implicaciones que en Bogotá ya se están ventilando. O sobre la desbordada invasión del espacio público que ya no solo se limita al centro de Neiva, sino a las avenidas adyacentes de la Terminal de Transporte, la Alberto Galindo por Comuna 9, la Plazoleta Cívica Los Libertadores o varias partes de la Carrera Segunda desde el río del Oro hasta terminar alrededor de la antigua Plaza de Ferias. O, ¿por qué no? hablar de la pésima actitud ciudadana de dar limosnas a quienes se suben a los buses, micro-buses o busetones del transporte público colectivo terrestre urbano. O también sobre las causas de la pobreza y las desigualdades en el trato de personas productivas legales y pobres ilegales. Ah, o volver sobre la problemática del mal denominado moto-taxismo.
Lo cierto es que cuando se trata de opinar para que se lean los argumentos que soportan los pareceres de quienes tenemos el privilegio de hacerlo en un medio de comunicación escrito tan prestigioso como el Diario del Huila, son pocas las ocasiones en que se cuentan los temas positivos.
El país es igual, por todas partes de su geografía y a cada instante suceden cosas tan inhóspitas que cada una merece un comentario y una reiteración de que lastimosamente el sentido común, la racionalidad, la cultura y la ética siguen y persisten en estar ausentes en los cerebros de cada ciudadano.
Alrededor de los editoriales y las columnas de opinión como esta circundan el pesimismo y un sentimiento de sin salida que ya debería preocupar a los sicólogos y sociólogos.
¿Para dónde vamos? ¿Qué hacer? ¿Cómo cambiar? Toda una vida, décadas y años pasan insistiendo en que todo es cuestión de cambios de actitud y de maneras de proceder, pero seguimos igual en el mejor de los casos.
El anhelo de todo columnista es el de lograr influenciar total y positivamente a su comunidad. Cuando alguien logre eso, cambiar la manera de obrar de la población y hacerlo para bien, sólo entonces nuestro cometido se habrá alcanzado. ¿Cuándo?
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