viernes, 10 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-05-25 08:59

Los paros

Diógenes Díaz Carabalí

Escrito por: Redacción Diario del Huila | mayo 25 de 2017

Vivimos bajo uno de los gobiernos más impopulares de las últimas décadas, entonces es fácil convocar protestas sociales. Pero valdría preguntar a los dirigentes cuáles son los reales beneficios, en tiempos en que la economía anda de capa caída y el estado no está en condiciones de gastar mucho, sino quiere ahondar en la depresión. Desde la óptica serpista firmar acuerdos así no se cumplan sería una equivocada política que aplaza el problema.

Desde luego los maestros en Colombia cuentan con uno de los salarios más bajos en el hemisferio (entre 259,03 y 1.055.7 dólares); por debajo de Bolivia (entre 272,32 y 1.016,51 dólares) reflejo del bajo promedio del PIB que el país dedica en gastos para la educación (el 4,9%), también por debajo de Bolivia (6,89%) considerado el país más pobre de la región, lo que marca unas condiciones de desigualdad abismales, muy difíciles de superar incluso en el largo plazo pues la educación tiene un peso específico en la superación de la pobreza. En Perú un profesor cobre entre 359,7 y 1.560 dólares, mientras en Chile a un maestro le pagan entre 1.174 y 3.880 Dólares. Sin duda el salario de un docente repercute en la calidad educativa (datos publicados por la UNESCO. 2016).

Las desigualdades de las regiones son preocupantes, por disímiles factores que las han aislado, que las mantienen sumidas en la pobreza, unido al afán de enriquecimiento fácil que conlleva a que la corrupción alcance niveles inmanejables, un cáncer prácticamente imposible de erradicar porque la misma población justifica el hecho de desfalcar el erario público como la oportunidad debida para quien administra los recursos. Sin duda invertir en estas regiones se equipara a proceder a mojar una esponja: todo lo absorbe sin que se puedan ver los efectos en la mejoría de las condiciones de vida de sus habitantes. Buenaventura es un caso palpable, asentada en una región de alta pluviosidad, con infinitos recursos hídricos, no cuenta con un sistema de agua potable, de acueducto y de alcantarillado, que beneficie a sus 416.000 pobladores.

Igual destino tiene el departamento del Chocó, una región donde sus recursos naturales del suelo y del subsuelo han sido arrasados por multinacionales, posee unos de los índices de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) más altos del país (76,11% según el DANE), lo que justifica las protestas que desarrolla por estos días, pero que no se podría lograr su solución si desde su misma región no hay compromisos serios para corregir el rumbo en la administración de sus recursos. Cualquier esfuerzo del gobierno nacional es en vano con la percepción que allí se tiene acerca de lo público.

Y sigue latente el problema de la Guajira. Y el hacinamiento carcelario. Y la crisis del sector agropecuario. Y la poca efectividad en la eliminación de la minería ilegal y el narcotráfico. Y las talanqueras puestas a la guerrilla para que se desmovilice. El problema es ¿con qué se cubre ese déficit? Más impuestos, el pueblo no aguanta.