Los padres del mañana
Una inmensa preocupación que se intensifica en la comunidad y en cada uno de los sectores de la sociedad donde aún quedan valores; aquellos que fueran inculcados en épocas pasadas, de los que escasean y están en vía de extinción en nuestros tiempos y que ponen en entre dicho el futuro de nuestra sociedad en unos pocos años.
Me pregunto ¿que podrán aportarle esos futuros y precoces padres que se forman en esta sociedad permisiva, excesivamente tolerante o tal vez sinvergüenza? Hoy cuando parte de nuestra Constitución Política ha tocado fondo ante el boquete dejado en temas de ordenamiento jurídico, administrativo y también social, ante la desaparición natural de los verdaderos maestros de lo que significa el amor, el respeto, el servicio, el valor de la palabra, la amistad, el verdadero afecto, el significado de la familia, el respeto a las instituciones, a la autoridad, a los mayores y a esa disciplina que en cumplimiento a lo que significa responsabilidad y compromiso que se ampara bajo el precepto del libre desarrollo de la personalidad, situación que entre otras ha dejado sin alternativas a la misma autoridad, llámense, jueces, maestros e incluso a los mismos padres.
Como no añorar para nuestros hijos las épocas que en escuelas y colegios se inculcaba el respeto a Dios, como no querer para nuestra juventud lo aprendido en aquel tiempo, cosas como lo que algún día un “brillante” Ministro de Educación, bajo la presidencia de Belisario Betancur, suprimió la cátedra de historia en el pensum escolar, desde entonces los que hoy se forman académicamente ignoren nuestra propia historia y desconozcan sus protagonistas; ¿dónde quedaron los buenos modales y la cátedra de Carreño? hay preocupación porque hoy en muchas de las escuelas, colegios y universidades la hora del descanso en la que la practicaba del deporte, sana recreación, el consumo de la lonchera o el mekato, se cambió por hora de la comercialización y consumo de alucinógenos ante la mirada tímida, tal vez cómplice e incluso impotente de los que no lo hacen.
El exceso de tolerancia hoy contribuye a la formación de una sociedad que se construye sin lo más esencial como son los valores, la falta de responsabilidad colectiva y la formación de unos individuos a los que pocos les importa la vida, la familia y su futuro, pues que le podrían aportar y contribuir a sus propios descendientes como parte de la responsabilidad con la que nacemos.
Solo esperamos que el modelo educativo que se ha impuesto en el país se revise y se corrija, que se fortalezca la inversión hacia lo social, pero sin duda se despierte la responsabilidad y compromiso de los que aun creemos que si se puede, que la esperanza es lo último que se pierde y que el desarrollo es símbolo de generación y no la degeneración de sociedad.
