Los nuevos socios políticos del Gobierno.
Julio Bahamón
Al gobierno de Álvaro Uribe Vélez no le tembló la mano en ocho años de mandato para ordenar a las autoridades militares que los cultivos de coca tenían que ser erradicados mediante la aspersión aérea, nada fácil, pero necesaria para la salud de la Patria. Al finalizar su gobierno en el 2.010, el Departamento de Estado de los Estados Unidos certificó que el área sembrada en el país con coca se había reducido a 30.000 hectáreas. A los obispos y arzobispos del país, les decimos, somos amigos de la paz, pero sin impunidad, además advertimos lo que vislumbramos para Colombia, por acción y por omisión de este gobierno. La Nación conoció, desde entonces, los intereses que en el negocio ya tenían los grupos criminales de las Bacrim, Farc y el ELN. Su actividad no se reducía solamente a cobrar un gramaje a los “campesinos” productores, sino que se engolosinaron con el negocio, y su ideología Marxista revolucionaria pasó a un segundo plano por lo que resolvieron incluir en sus conferencias, como otra forma de lucha, el negocio de la coca mediante la producción y venta de clorhidrato de cocaína. Son conscientes que su producido anualmente les permitirá corromper, por dentro, toda la institucionalidad, como en el famoso caballo de Troya. Pero para cumplir sus tenebrosos propósitos necesitaban en la casa de Nariño a un gobernante incompetente y vanidoso, que con el ofrecimiento del Nobel de Paz les facilitara entrar al establecimiento para poder fraguar lo que ya estamos viviendo. Estos narcoterroristas, sépanlo, son los nuevos protagonistas de la política colombiana. Santos, con su desmangurriada paz, les ha servido en bandeja de plata esa posibilidad. Lo primero que cumplió, lo supo Colombia, fue la suspensión de la fumigación aérea de los cultivos, y de la noche a la mañana pasamos de 30.000 Has, a más de 200.000 has. Hoy son más de 700 toneladas de clorhidrato de cocaína que anualmente comercializan por todo el mundo y son más de US$ 14.000 millones de dólares que reciben cada año con los que nutren sus finanzas. La semana pasada nos enteramos por declaraciones del General José Ángel Mendoza, comandante de la Policía antinarcóticos que en Tumaco, Dpto. de Nariño, fueron secuestrados por cocaleros a órdenes del ELN y del clan del Golfo, 11 policías, y se evidenció la sociedad que existe entre el ELN y las bacrim en una región en donde no hace más de dos años se la reconocía, oficialmente, como área de influencia de las Farc. ¿Que nos corresponde hacer? Acompañar decididamente a Álvaro Uribe y a los precandidatos del C.D. unidos todos a una, como en Fuenteovejuna, dispuestos a recorrer el país advirtiendo de esta nueva y tenebrosa realidad colombiana y fortalecer, con unidad de criterio al que finalmente resulte elegido como candidato único, hablando duro para despertar al pueblo sobre lo que se nos vino pierna arriba. Así de fácil. Abril 20 de 2.017. Julioba.
