Los médicos desalmados
Diógenes Díaz Carabalí
Entiendo que el médico no debe involucrarse en problemas de salud de sus pacientes. Quiero decir, no debe asumir posturas más allá de la práctica científica frente a la dolencia del paciente, pero tal postura no es excusa para que tome una posición humana, que por lo menos trate con respeto al paciente, con cercanía, con educación; la actitud grosera de algunos profesionales de la salud desdice de su profesionalismo, de su formación como persona, algo que se aprende en casa, en familia, nunca en la universidad. Cuando un médico, por super-especializado que sea, atiende con actitud despectiva y hasta ofensiva lo primero que hace pensar al paciente es en quienes serían sus padres, quién sería su madre, no de qué facultad ha egresado.
Por estos días acompañé a mi esposa a una cita con un especialista, un profesional de ortopedia y traumatología, en la Clínica Santa Gracia de Popayán, quien la recibió en forma despectiva, cero amabilidades, no tuvo ni la cortesía de saludar. Se dirige al paciente con órdenes imperativas, levanta la voz, en forma grosera atiende y trata al paciente como si fuera un mueble más de su consultorio. Qué queda por decirle a un ser que no se acerca a un trato dual, de iguales, sino observarlo con lástima el desperdicio de persona que es. Por eso no hicimos más que marcharnos murmurando de su actitud, con la promesa de nunca volver por allí. Ya habrá otro Traumatólogo.
Claro, en esta ya larga vida de lidiar achaques, los míos, los de mi mujer y los mis hijas, he encontrado también médicos sensibles, cercanos, que su sola voz, su trato amistoso hace sentir alivio aunque el dolor físico allí continúe. Por lo tanto, sí podemos comparar de médico a médico: aquellos que toman su profesión como un servicio, un incunable humano, y aquellos que llegan a la profesión de Hipócrates para llenarse de dinero. Miran al paciente como objeto de su ambición, como medio para rápidamente enriquecerse. Sin duda este el traumatólogo de mi esposa ve a su paciente con el signo pesos en la frente, ve su paciente como objeto de su realización avarienta, de allí vienen quienes piensan en los servicios de salud como un negocio.
No quiero decir que el médico no debe ser bien pago, tampoco que haga votos de pobreza. Al contrario, el médico debe tener dignidad, su dignidad comienza por devengar un buen salario, un pago oportuno, un sitio digno de trabajo. A propósito, el consultorio de este Traumatólogo parece el de una pitonisa; la camilla, la de un yerbatero. La sábana que la cubre, parece recogida de reciclaje: amarillenta la pobre; remendado el trapo; preferimos quitarla porque producía asco. Es decir que, a primera vista, da la impresión de un médico descuidado y, repito, grosero, inhumano.
En eso sí las EPS, y las IPS, deben vigilar el comportamiento de sus médicos. Repito, los comportamientos de decencia y buen trato se aprenden en casa, pero a lo mejor nadie se lo ha dicho. Debe decírselo el patrón, porque en su prepotencia cree que actúa bien, que debe ser ese su comportamiento con los pacientes, con “los clientes” a quienes debe servir a lo mejor sin ninguna vocación. Por el solo hecho de haberle tocado desempeñar tal oficio, porque un día sus padres le dijeron que meterse de médico era la forma de escalar social y económicamente, pero de modales y decencia nunca le hablaron.
