Los muertos del ELN
Diógenes Díaz Carabalí
Esta mañana despertamos con la noticia de un video en donde un grupo de hombres del Ejército de Liberación Nacional, ELN, mata a un hombre a sangre fría. El hombre está sentado en el piso con las manos atadas a la espalda, en medio de la selva, totalmente indefenso como se supone. Clama a sus captores para que le perdonen la vida, explica sus actividades vinculadas al agro, al cultivo del café. Es un campesino del Municipio de El Tambo, en el Occidente del Cauca. El video fue grabado sin escrúpulo por un comandante de una célula de esta organización armada, encontrado en el celular al ser dado de baja por el Ejército Nacional y subido a las redes sociales.
Desde luego el objeto de relatar brevemente este hecho no es el de levantar el morbo de quienes disfrutan con la guerra de este país, con la violencia que nos carcome, con la forma como concebimos la justicia. El campesino era acusado de cobrar las extorsiones en el área de influencia de la organización armada, algo que con las organizaciones violentas no se sabe, más bien una disculpa por imponer su ley de terror en medio de una población indefensa, un hecho que ilustra cómo se mueven las organizaciones armadas en medio de los campesinos a quienes utilizan según su antojo, recluta a sus hijos e hijas, los obliga a proveerlos de lo que necesitan, a que paguen “impuestos”, a compartir con ellos sus ingresos.
Esto del asesinato de campesinos es pan cotidiano del ELN y demás grupos armados en los sitios recónditos de nuestra geografía. Nadie puede oponerse a sus actuaciones a riesgo de perder la vida. Fui testigo de un campesino asesinado en Santa Rosa, Bota Caucana, porque borracho había pegado a su mujer. El campesino se consideraba amigo del ELN, los apoyaba en lo que podía, los atendía en su casa, allí pernoctaban y comían, un día llegaron, le dijeron por qué pego a su mujer, ni siquiera recordaba el hecho, le dijeron que los acompañara, a pocos metros de su vivienda, delante de sus pequeños hijos y su dolida mujer le descargaron cinco tiros de pistola en la cabeza.
Otro hecho del cual conocí ocurrió en Villalobos. Un campesino, presidente de la Junta Comunal de su vereda, por rumores acerca de que se apoderaba de los recursos de su comunidad fue asesinado por un comando del ELN. Don Pastor Blanco, un hombre honesto, probo, preocupado por el bienestar de su comunidad, con su dinero hacía gestión ante las autoridades por diversos proyectos para la vereda Santa María. Padre de familia, esposo, trabajador del agro, colono, en difíciles condiciones de vida, vivía sudando su frente por el pan diario. Fue asesinado por un comando armado del Ejército de Liberación Nacional sin explicación alguna, por el solo rumor de que se robaba el dinero de la Junta Comunal, una junta que no tenía ni siquiera para reconocerle los viáticos de sus viajes hasta las autoridades de Popayán por limosnas de partidas para arreglar caminos, pintar la escuela, reparar puentes. Son ellos, los campesinos, los muertos del ELN, porque rara vez esta organización armada tiene capacidad de enfrentar en combate al ejército nacional, el enemigo que dicen combatir. Los enemigos son hombres y mujeres indefensas, habitantes de lugares recónditos.
