Los menores y el conflicto
Por Carlos Alberto Baena López
Grandes retos enfrenta Colombia para proteger y reivindicar los derechos de los niños y adolescentes que han tenido que cargar con el peso del conflicto armado. Muchos menores, además de padecer los horrores de la guerra, han tenido que participar en ella pues el reclutamiento de los niños ha sido una realidad que ha marcado los hechos violentos en el país.
Si bien no se conoce el número total de menores reclutados, cifras del ICBF indican que, al menos, 5964 niños y adolescentes se han desmovilizado entre 1999 y 2015. Éste es uno de los problemas más complejos del país porque reclutarlos implica necesariamente un atentado contra su pleno desarrollo pues, además de despojarlos de su infancia, los pone en estado de completa indefensión. Por eso, Colombia debe implementar, por un lado, medidas preventivas que impidan que se siga presentando este fenómeno y, por otro lado, de reparación para garantizar que los menores puedan reintegrarse de forma plena en la sociedad.
Frente a las medidas preventivas, el Estado debe garantizar que los niños que crecen en las zonas más vulnerables cuenten con las herramientas necesarias para desarrollar plenamente su proyecto de vida. Deben contar con posibilidades reales de educación y condiciones socioeconómicas para su crecimiento. El acompañamiento y protección del Estado a los entornos familiares debe ser constante.
Las medidas de reparación son las más importantes si se quiere establecer un marco de paz sostenible. Como ha sido explicado por el Centro para la Justicia Transicional, cuando los niños se desmovilizan, usualmente, deben enfrentar un contexto similar al que los incentivó a vincularse a los grupos armados, agravado por la estigmatización y la falta de oportunidades. Tales factores implican un riesgo latente que pueden promover su retorno.
Por lo tanto, Colombia, además de garantizar oportunidades de formación y empleo, debe crear una ruta de reparación individual que, en primer lugar, cuente con la participación de los jóvenes que dejan las armas para que se implementen estrategias que respondan a sus necesidades. A la vez, a través de campañas para concienciar a la población, se debe crear un ambiente adecuado para que estos menores puedan reintegrarse en sus comunidades y, en general, en la sociedad.
Si bien, no podemos cambiar nuestro pasado, sí podemos crear las bases de un futuro que le permita a nuestros niños conocer y disfrutar de la paz.
