Los mejores y peores alcaldes del Huila
Por Edgar artunduaga
Están de salida, les queda apenas un año que será muy difícil, cruzado por la elección de sus propios sucesores, en todos los casos amigos y parientes.
Los opositores se emplearán a fondo para subrayar las debilidades y equivocaciones. Y los amigos hundirán el acelerador de la presión en procura de favores, bajo amenazas de estar con el contrario.
Después de consultar cifras oficiales, a nivel regional y nacional. Después de un sondeo sin importar colores políticos, tengo los tres mejores (Gigante, Suaza y Paicol) y los tres peores alcaldes del Huila (Garzón, Oporapa y Teruel).
El alcalde de Gigante, Iván Luna, ha demostrado que la experiencia vale mucho para el buen ejercicio del cargo. Había ocupado el cargo, fue funcionario de la gobernación en tiempos de Villalba y después gerente de la terminal de transporte. No se quedó con los títulos y los recuerdos. Ha trabajado.
Suaza, Orlando Bohorquez, al frente de un municipio pobre, alejado, con escaso presupuesto, consiguió vivienda gratis para cientos de personas y empujó el distrito de riego El Guayabal, de mucha utilidad local.
Al alcalde de Paicol, Norberto Palomino, lo definen como una persona seria, que tramita juicioso las necesidades de su municipio, que inspira credibilidad. Y que muestra resultados.
La lista de los malos la encabeza Delio González, de Garzón, pésimo administrador, acusado de conductas irregulares y deshonestas, detestado por la mitad de la población.
El alcalde Yamit Sterling Sánchez, simplemente ha hecho todo lo posible por acabar con el pesebre del Huila, como llaman a Oporapa, por su ubicación geográfica y belleza natural. Engatusó a la gente con frases de Coelho y Neruda (ciertas o no) y la gente lo creyó inteligente. Rápido se desencantaron. Resultó torpe, estúpido, prepotente e ineficiente.
El caso de Teruel, con su alcalde Alexander Trujillo Zuleta, es bien particular. ¡No existe!. En la gobernación no lo conocen. Tampoco en las oficinas publicas nacionales. Se hizo famoso porque borracho insultó y estuvo a punto de promover el linchamiento del cantante Checo Acosta, porque no le gustó su actuación en una fiesta que pagaba el municipio.
Estudio lo que pasa en Neiva, Campoalegre, La Plata y Pitalito y lo comentaré en próximas columnas.
Lástima que siendo el pueblo “la voz de Dios”, se equivoque sólo en elecciones, como dice mi amigo Guillermo Díaz Salamanca.
