Los maestros primero
Que bueno sería que la educación fuera parte fundamental en cada nuevo gobierno.
Apostarle a Colombia la más educada, tal como la ha hecho Sergio Fajardo en Medellín y Antioquia, es darle la oportunidad a que la ciencia, la tecnología y la innovación se conviertan en nuestra principal apuesta para superar los problemas de pobreza y desigualdad que vivimos.
La realidad es que quizás nos parezca preocupante los últimos lugares que ocupa Colombia en las pruebas de educación a las que se ha presentado, pero lo que debería preocuparnos más, es que no se toman los correctivos y sigamos haciendo lo mismo en educación. Se necesita un viraje en la política educativa, lo cual esperamos se cumpla en el nuevo gobierno del presidente Santos. Tal como lo anunció en campaña, esperamos que Colombia se convierta en la más educada de América Latina. Para lograrlo, debemos dejar de ver a la educación como la cenicienta del cuento. Grandes recursos deben ser dirigidos a la modernización de las plantas físicas de los centros educativos sin olvidar las universidades, ampliación de la cobertura y de la jornada escolar, fomento a la investigación, universalización de la educación preescolar, incluso en zonas rurales; actualización de currículos y empleo de nuevas tecnologías al proceso de enseñanza, en fin, una cambio extremo en la actual política educativa. Pero uno de los ejes primordiales de esta transformación, es el capital humano encargado de desarrollar esta revolución educativa, en donde los maestros serán el centro de atención. Invertir en su capacitación, promover que solo los mejores lleguen a estos cargos, la vocación y entrega se hacen primordiales a la hora de escoger a los maestros. El maestro debe entender su responsabilidad, asumir el reto de actualizarse, cambiar viejos paradigmas de la enseñanza los cuales impiden que el talento surja, ser una guía en el proceso de aprendizaje y no una camisa de fuerza apegada a enseñanzas obsoletas. Se debe dignificar la profesión de maestro, reconocer su inmenso valor social, lo cual incluye un salario justo y competitivo, mínimo reconocimiento a su labor. Ojalá como sociedad reconozcamos su gran labor, ante todo el compromiso de forjar mejores seres humanos que sean capaces de construir una sociedad justa y en paz.
