Los jóvenes del siglo XXI
Hablar de jóvenes es hablar de todo. Sobre todo, cuando se hace un balance de estereotipos que se mueven en el espectro de la ‘rebeldía’ y la ‘esperanza’, ambos de corte romántico.
Sin embargo, las ciencias sociales introducen caracterizaciones propias de cada disciplina que permiten ir más allá de miradas centradas en dinámicas físicas, biológicas y psicológicas que parecerían diferenciar con nitidez al niño del adolescente.
Aunque ya desde 1955 la antropóloga Margaret Mead marca una línea de lectura vanguardista, proponiendo planteamientos sobre ‘rupturas imperceptibles’ que atraviesan los jóvenes en el plano cultural, y las escuelas de Estudios Culturales en Chicago (USA) y Birmingham (Inglaterra) en los años setentas hacen apuestas que vinculan lo cultural y lo juvenil –así sea en terrenos denominados “desviaciones”-, en Colombia dicha dimensión apenas se empieza a hacer visible a mediados de los años ochenta.
Con esta perspecitva, y si revisamos con cuidado nos damos cuenta de que la sociedad colombiana ha venido manifestando una progresiva exclusión de la juventud de los procesos sociales y políticos, y una marcada dificultad para el diálogo y la comprensión intergeneracional. Frecuentemente se percibe al joven como sujeto de alta peligrosidad por su protagonismo en fenómenos de violencia y criminalidad. Esta situación es más relevante para aquellos que viven en situación de pobreza y que habitan en las zonas marginales de los centros urbanos y se correlaciona directamente con procesos sistemáticos de aniquilación de jóvenes bien sea por operaciones como las denominadas de "limpieza social", por asesinato selectivo o como víctimas de los homicidios de la delincuencia común. Es decir, se les ve y acusa como victimarios. ¿No creen que valdría la pena revisar a fondo la situación y mirar si en lugar de victimarios, más bien son victimas del sistema que vivimos, de la exclusión a la que los hemos sometido y de los modelos (familia y escuela) con los que los hemos formado?
Se hace entonces indispensable y de vital importancia que se potencie la visión dey sobrelos jóvenes como "sujetos de derechos", en su doble significación de construcción de condiciones para el ejercicio pleno de la ciudadanía y del establecimiento de garantías sociales e institucionales para el respeto y cumplimiento de sus derechos fundamentales.
La falta de participación ciudadana de los jóvenes, en general, y de los jóvenes en situación de pobreza, en particular, se expresa también en la debilidad de sus organizaciones. La acción colectiva es escasa y tiende a tener un deficiente apoyo, cuando no una oposición, de parte de la comunidad y del Estado. Así mismo, contribuye a esta situación la imagen estigmatizada, en forma negativa, de los jóvenes de clases populares, la cual prevalece en la opinión pública, difundida por los medios de comunicación masiva, reforzando así su segmentación espacial y social.
La falta de reconocimiento en el espacio público es tan intensa en estos jóvenes, que padecen el silenciamiento y el desconocimiento sistemático de sus contribuciones culturales, afectando ámbitos como la relación entre géneros, el respeto al medio ambiente o la tolerancia hacia la diversidad, donde las nuevas generaciones muestran nítidos signos de transformación respecto de prejuicios y limitaciones de la sociedad adulta establecida.
Otros asuntos como objeción de conciencia o pandillas, cobran vigencia en la actualidad. Las Bacrim y otras formas de grupos delincuenciales entran en las agendas como temas de moda en las grandes y pequeñas ciudades. El asunto generacional en los municipios y en ciudades como Neiva, aún no es importante. Lo que quiere decir que es en estos escenarios donde aún se pueden plantear soluciones eficaces puesto que es posible evidenciar logros replicables.
Neiva es una ciudad emergente con grandes posibilidades de crecimiento y proyección. No obstante, las apuestas hacia la inversión en programas, planes y proyectos donde los jóvenes sean protagonistas no son muy visibles ni permanentes. ¿Cuánto más habrá que esperar? Se necesita urgente construir una Agenda Social.
