Los jardines de Neivilonia
Por Carlos Tobar
En la historia universal son proverbiales los fabulosos jardines de una de las primeras ciudades de la sociedad humana: Babilonia. Cuentan los cronistas de la época de la maravilla arquitectónica de dichos jardines, que colgaban de las extraordinarias construcciones del imperio persa, el más importante de su era. Dada su riqueza los emperadores persas crearon una de las llamadas maravillas del mundo antiguo. En nuestra ciudad, una de las obras recientes de un alcalde que se ha especializado en construir jardines, para, ocultar las falencias en casi todas las áreas estratégicas del desarrollo de la ciudad: vías, transporte, movilidad, acueducto, alcantarillado, tratamiento de aguas residuales, aguas lluvias, educación, salud, etc., ha sido la enésima remodelación del parque principal.
No voy a criticar la necesidad de meterle mano a un sector en franco deterioro, como lo es el centro histórico de la ciudad, y tal vez, su parque principal. No. Es indudable que por errores de distintas administraciones municipales pasadas, y por los cambios naturales del crecimiento de las ciudades, ese deterioro, visible y angustiante, preocupa a ciudadanos y gobernantes. Esto obliga a los ciudadanos a exigir y a los gobernantes a actuar. Eso está bien. Pero que, después de meses de trabajos y de cierre del parque principal, nos salgan con el parto de los montes o de los jardines, en donde se ‘invirtieron’ más de cien millones de pesos, si es meternos los dedos a la boca. Tumbar unas bancas, –con la disculpa de que estaban tomadas por indigentes y delincuentes de toda laya, es como en el refrán conocido, vender el sofá para evitar que la mujer se la juegue–, entre otras cosas alterando un patrimonio arquitectónico en el que hay derechos de propiedad intelectual y social, que nadie ha autorizado cambiar, y poner unos jardines. Tumbar y colgar, dos verbos que pueden tener las connotaciones que quiera el lector, es lo que hay en este desaguisado que deja al desnudo al rey.
Ya va siendo hora de que la ciudadanía empiece a pedir cuentas de las políticas de la actual administración sobre tópicos bien delicados como el funcionamiento de las EE. PP. de Neiva, que oculta su ineficiencia en las transferencias de recursos del sector central, que se trasladan para poderlos asignar en contratos a dedo, haciendo una interpretación muy laxa de la normatividad de esas empresas; o el entuerto sin estudios serios del que pinta para uno de los elefantes blancos: el pomposo sistema estratégico de transporte público; o la planta de tratamiento de aguas residuales que tiene todas las trazas de ser un megacontrato amarrado desde la anterior administración, sin estudios ni evaluaciones de costos de operación que puede quebrar económicamente a la municipalidad; o el contrato de concesión a 20 años de la recolección y disposición de basuras, que hace de Neiva una de las ciudades con más altos costos de estos servicios (donde queda la manida competitividad); o el parque isla sobre el río Magdalena, otra obra faraónica, que ha enterrado y va a enterrar millonarios recursos, como lo están haciendo en el parque ronda (que ni es parque ni es ronda) del río Las Ceibas, donde nadie va a responder por la reducción de la sección hidráulica, cuando venga la próxima avenida, y… un largo etcétera.
Como diría San Mateo, neivanos: ojos abiertos, oídos atentos.
