Los idus de marzo
Jaime Salazar Díaz
Desde la antigua Roma nos llega la leyenda de los días de mal agüero en marzo. Era el 13 el mas terrible, día del asesinato del emperador Julio César. Avisado estuvo por su adivino de cabecera pero él no lo creyó. También había otros malos días en el año pero Shakespeare lo consagró con su drama histórico y así llegó hasta nosotros que en estas calendas estamos sintiendo el peso de la incertidumbre. Personalmente no creo en los agüeros porque sé que solo la voluntad y la decisión de los hombres producen la historia. Sólo que en este momento se están dando cita coincidencias preocupantes de hechos que amenazan el tranquilo devenir de la patria y de la humanidad. En la Roma de hoy conmemoraban el viernes pasado los 60 años del Tratado que dió con su nombre comienzo a la Unión Europea, ejemplo de convivencia civilizada después de tantas guerras dolorosas. Pero los augurios no son optimistas puesto que está presente el sorpresivo retiro de Inglaterra después del “brexit” y además el hecho de que otros miembros flaquean en el propósito de permanecer unidos. Latente en el diario vivir del hoy de Europa y Norteamérica está el odio desquiciado de algunos islamistas hacia la civilización occidental cristiana que ha sido la simiente de algo mas de mil años de duros enfrentamientos entre las religiones monoteístas y tal parece que es algo de nunca acabar. No es un sentimiento que nace en los corazones de personas sensatas. Es un problema incontrolable de fanatismos. Londres, en la puerta de entrada a su viejo y honroso Parlamento, fue la víctima de la semana pasada. Latinoamérica, libre afortunadamente de ese fenómeno, tiene todavía problemas políticos por resolver, agravados por las desigualdades culturales y económicas que nacieron en la génesis de las débiles democracias actuales. No dejan de aparecer caudillos que pasado un tiempo de su período constitucional se convierten a sí mismos en líderes providenciales, se creen irreemplazables y se aferran al poder con patas y manos. Las primeras para pisotear la Constitución y las segundas para manipular las débiles instituciones respaldadas por fuerzas militares de bolsillo. Léase Maduro, Correa, Ortega, Evo Morales, Castros, Perones, y varios mas etcéteras. En el fondo de esta tragedia continental está la sociedad misma, el electorado iletrado, sumiso e ignorante que no ha logrado elegir dirigentes capaces, honestos, entregados a sus deberes y obligaciones que modifiquen, modernicen y actualicen las normas legales necesarias para repartir con equidad y justicia los recursos pocos o muchos del Estado. Llegan al Congreso, les tallan los zapatos, les aprieta la corbata y en el primer coctel, el primer empresario avispado les vuelve el seso como un sorbete, les habla de millones y quedó el “político” de ahí en adelante en la nómina de los corruptos. Se olvidan de lo que tenían que hacer: responderle al pueblo que los eligió. Este drama que parece solo colombiano se repite con mayor o menor intensidad en el continente entero: Argentina está que arde. Brasil pasa por su peor momento. Evo en Bolivia está desempolvando la partitura. Correa la tiene entre el tintero. Maduro logró regresar a su pueblo al paleolítico y en Colombia, un año antes, nos quedamos sin Presidente pero con un centenar de candidatos. ¡ Qué incertidumbre…….los idus de marzo!
