miércoles, 15 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-08-26 06:17

Los gitanos de Federico

Por Gloria Cepeda Vargas

Escrito por: Redacción Diario del Huila | agosto 26 de 2015

La fantasmagoría gitana del Romancero me hace guiños al cumplirse 79 años del asesinato de su padre, el poeta Federico García Lorca, fusilado supuestamente en Viznar en la madrugada del 19 de agosto de 1936.

La crítica destaca su “Poeta en Nueva York”, escrito en esa ciudad entre 1929 y 1930. Este libro es hijo de un tiempo  que irrumpió después de la primera guerra mundial. Contundente y desnudo como todo lo que llegaba, ceñido de gritos y relámpagos, marca un giro en la obra del poeta andaluz. Tiempo de suprarrealidades irreversibles, respondió  a la invasión de los monstruos mecánicos, los incipientes movimientos populares, el geométrico corazón de Picasso y George Braque,  las perturbadoras desviaciones en todos los aspectos del saber y el trabajo, enarbolados por un mundo que empezaba a industrializarse.

Pero unos años atrás, en 1924, había empezado a gestar el que sería un conjunto de versos andariegos donde el poder  de la imaginación halla la clave de lo inasible: el “Romancero Gitano”.

Son 18 poemas que de manera magistral mezclan la sombra y la luz. La sublimación de la miseria racial de esos hombres y mujeres aparecidos como piedras camineras ¿en la India milenaria? ¿en Egipto que se muere de perfil, como Antoñito el Camborio o  la boca, -espanto y algazara- de las cuevas de Sacromonte?

Cruza  la caravana sin rumbo conocido. Mujeres como la gitana Soledad Montoya, hechas de caballo y sombra, hombres garbosos, tardes lentas. Todo el sabor de una tierra amasada con soles y lunas de almizcle secular, se derrama en el viento. Son los gitanos “con un niño de la mano” en el “Romance de la luna luna”, los pálidos gitanos que se mueren “de perfil” , los hombres  “verde luna” de fragua y calabaza. La monja gitana  en una iglesia que “gruñe a lo lejos como un oso panza arriba” o Preciosa, perseguida por San Cristobalón enfurecido.

Más que realidad, los poemas del Romancero son cuerpo imaginario. Expresión de lo que puede construir la fantasía humana cuando le abren la puerta. “La casada infiel” es el poema más cónsono con la realidad. El poeta describe el camino que recorren  los gitanos antes del amor, cuenta como “pasadas las zarzamoras/ los juncos y los espinos/ bajo su mata de pelo”  el gitano hace “un hoyo sobre el limo”. Luego el profundo horizonte nocturno, el río como un hilo que no cesa de fluir. Plena de música, sube la noche con su violín al hombro. La historia,  plantada entre la realidad y la metáfora, es paradigma de equilibrio verbal y sentimiento bien administrado.

Llegaron y se fueron las mujeres y los hombres encantados. La fábula tiñe  los demás poemas del libro con su aire de clavel en flor: “¡Oh pena de los gitanos/ pena limpia y siempre sola/ oh pena de cauce oculto/ y madrugada remota”!