lunes, 13 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-03-26 11:57

Los funcionarios que odian la política

Julio César Triana

Escrito por: Redacción Diario del Huila | marzo 26 de 2016

Con ocasión de la decisión de la Corte Internacional de Justicia, de declararse competente para el pleito entre Colombia y Nicaragua, todos los medios y la opinión pública en general, fijo su atención en la labor de la canciller María Ángela Olguín, quien dicho sea de paso,  afirmó en una entrevista radial en Caracol “que frente al tema de la responsabilidad política,  ella lo que menos era es política.”

Pareciera normal la afirmación de la señora Canciller en este medio de comunicación, pero un momento, tal vez sea preciso preguntarnos ¿no es ella quien maneja la política exterior?, ¿Acaso no es el Canciller o Ministro de Relaciones Exteriores de un País el que vela por lograr  que la diplomacia  con el resto del mundo se mantenga?. Claro que le corresponde a un Canciller o a un Ministro actuar y pensar como político, muchas de sus actuaciones así lo reclaman, sin que sus acciones pasen al extremo de la politiquería.

Ha sido una constante de algunos altos funcionarios de este Gobierno que, por estar bien calificados y por tener condiciones académicas, que nadie les desconoce,  caen en el error de denigrar y hasta llegar a ser peyorativos con el ejercicio de la política.

Resulta curioso que, cuando se trata de elegir un mandatario o de reelegirlo, sus principales amigos o funcionarios se convierten en hábiles políticos y pasan a ser los jefes de debate, pero con el tiempo, y cuando ya se han surtido los procesos electorales  se convierten en encumbrados tecnócratas que desdicen de la actividad política, esa misma que permitió que ellos lleguen a ocupar tan altas distinciones.

Nadie acepta que se permita o se promueva la corrupción y las malas prácticas en lo público. Es un mandato legal y constitucional el que tienen los Ministros y los  funcionarios públicos de denunciar cualquier anomalía y tomar los correctivos a que hubiere lugar.

Pero resulta absurdo y casi que ridículo que, algunos de aquellos que nos representan en los altos cargos del Estado, se declaren apolíticos, aunque lo hagan para agradar a una opinión pública que, con justa causa, está cansada de los desmanes de  muchos  personajes que en el ejercicio de  la actividad política  han logrado el desprestigio de la misma.

Olvidan los empinados funcionarios que, desde aquí abajo hay quienes observamos cómo reniegan de la política para algunas cosas, pero  la utilizan  para llegar a  sus cargos.