Los endebles líderes del sí
Jaime Salazar Díaz
Hay algo significativo en este proceso del SÍ y el NO: no hay liderazgo por el lado del SÍ. Con excepción de Humberto de La Calle, que se dedicó cuatro años a armar el farragoso e impreciso documento con las FARC y que lo explica con convicción y algo de pasión, los demás no comunican certezas ni confianza. Vueltas, explicaciones y revueltas se pierden en una laguna de imprecisiones que convierten en escépticos a los oyentes desprevenidos.
Después del anuncio de la ‘terminación’ del acuerdo – a la fecha todavía sin firma- y de la convocatoria al plebiscito del 2 de octubre, las encuestas crecieron a favor del SÍ. Un buen porcentaje de colombianos, indecisos e incrédulos de que este proceso llegara alguna vez a su final, se entusiasmaron con la desmedida promoción oficial y favorecieron por unos días los resultados, pero poco a poco y en la medida de las incertidumbres y del tamaño de los sapos a tragar, se han enfriado de su primer calor.
Hoy las cifras tienen tendencia a un equilibrio de opiniones. Hay razones objetivas para entender esta nueva deriva: la primera, el contenido de lo acordado. En segundo lugar, y aquí viene la razón de ser de esta columna: no hay liderazgo en Santos. No recuerdo en la historia una tan precaria confiabilidad de un presidente, expresada en las encuestas. Y para “mejorar la plana” se hizo acompañar en esta difícil tarea de un expresidente que como Gaviria, investido de su mando Presidencial, otorgado en unas elecciones legítimas, sucumbió ante el poder criminal de Pablo Escobar, alevoso matón de inocentes, permitiéndole construír su propia cárcel, la famosa Catedral, en donde continuó dirigiendo su empresa criminal en medio de orgías y desafueros. -¡Luis Carlos Galán, Rodrigo Lara, Diana Turbay, Low Murtra, centenares de inocentes policías y tantos otros, claman justicia¡-.
Hay otros promotores del SÍ que no convencen: al ministro Cristo del Interior, quien hace su tarea por deber, se le atisba la tristeza por el vil asesinato de su padre en manos de la guerrilla. Los inefables senadores de todas las bancadas, Roy Barreras y Benedetti estarían mejor en la Comisión de Presupuesto o de Personal. No sé si es por el camino recorrido en la vida del país o mi afición por la historia de estos conflictos colombianos que recuerdo, en momentos como este, a líderes como Laureano Gómez y Alberto Lleras que pactaron la paz sin tantas comisiones ni tantos asesores. Ambos conocían el alma del país y su altura política e intelectual les permitió hablar con inmensa autoridad a sus conciudadanos. No quiere esto decir que hubo unanimidad en los electores al final del proceso. Los disidentes, que los hubo, hasta llegaron a la Presidencia como López Michelsen. El caso es que nunca fueron tratados de guerreristas, sectarios o místicos caballeros templarios. Simplemente en esto de la política nadie tiene la verdad revelada, así sea pactando la paz.
Si no hay unanimidad, pues se somete a votación, que es lo que vamos a hacer. Y que gane el que ponga más votos. Es a esto a lo que tienen que acostumbrarse los de las FARC y no coger a tiros a los que pensamos distinto.
