Los dos platillos de la balanza
Gloria Cepeda Vargas
Militar en un partido de izquierda en Colombia sigue siendo un baldón. Ignoro si tan peregrino concepto obedece a las pelucas virreinales que todavía ornan sienes preclaras o al latigazo fundamentalista impartido entre nosotros por la Iglesia Católica. Izquierda y derecha políticas constituyen los pilares de la democracia mundial. Si pensáramos mejor, operarían de manera complementaria. Antípodas en la superficie y más consustanciadas de lo que parece, son las dos grandes corrientes que irrigan la política y la filosofía moderna.
Colombia es modelo de inequidad social y de normas que no resisten un análisis medianamente humano. Todo se reduce a un delirio paranoico, a un jadeo persecutorio. Somos estáticos desde adentro y no estamos entrenados para un ejercicio fructífero de humildad o de misericordia . Una pequeña franja de la sociedad decide sin consultar a la otra y convencida de que tiene el derecho a hacerlo, sigue de largo en su pompa de jabón.
Como para bien o para mal, somos un país permeado por una férrea ideología de derecha, la satanización de la otra orilla se convirtió en un sonsonete que se repite por inercia. Grave que en un momento de transformaciones irreversibles, se garle sin saber lo que se está diciendo.
Lamentablemente, ilustres dechados de la izquierda, excelsos epígonos de la derecha, desvaídos ejemplares de esa clase política que se autodenomina “de centro”: absolutamente todos los experimentos políticos, están hechos del mismo barro.
Y no se trata de personalizar las atrocidades cometidas por las guerrillas izquierdistas o por las hordas paramilitares. Mientras Samuel Moreno saqueaba a plena luz del día el erario público, los caballeros de Probolsa lo hacían en la sombra. ¿Sería por ventura necesario para la sostenibilidad democrática del país el exterminio sistemático de la Unión Patriótica en una alianza macabra conformada por la ley y el crimen? ¿Y la eliminación de Álvaro Gómez Hurtado, responderá a requerimientos racionales? El asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, un mestizo sin pedigrí, es muestra elocuente de nuestra catalepsia mental. En lugar de desgastarnos mirando por el ojo de la cerradura si el vecino es homo sapiens, homo erectus u homosexual, deberíamos intentar acercarnos lúcidamente a los tugurios del alma nacional.
¿Azul o rojo, derecha o izquierda? Idénticas sus ejecutorias. Solo queda un rebaño alienado o temeroso que alienta esta absoluta falta de reflexión y esta arrogancia tan patética como lamentable.
