lunes, 13 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-01-14 11:14

Los carnavales

Diógenes Díaz Carabalí

Escrito por: Redacción Diario del Huila | enero 14 de 2016

En mi vida he gozado de varios carnavales desde las fiestas patronales de Gallego y Villalosada, hasta los fastuosos carnavales de Pasto, carajo. Cualquier carnaval, quien lo vive es quien lo goza, para disfrutar hay que meterse en la fiesta, asimilar costumbres aplicar aquello de que “Allí donde fueres, haz lo que vieres”, llevar apropiada indumentaria, sonreír ante las pesadas bromas que te pasan  y, pasarlas…

Ante todo somos seres culturales. Nuestra antropología nos hace ver las costumbres propias como la cumbre de la manifestación humana. La ventaja del carnaval es que reúne en un solo motivo la idiosincrasia del hombre. La de nuestro origen pinta como la más original, la más propia, a la que buscamos explicación de su proceso creador. Las fiestas de La Plata son inolvidables, de desbocada sonrisa, de ágil ingenio, de mezcla lúdica aportada por diferentes proveniencias. El Huila tiene un amplio cobertor de celebraciones a mediados de año, que hacen honor a su culinaria, a su danza, a su música, con gestores que buscan conservar la autenticidad amenazada por la farándula y el negocio.

El Cauca cuenta con lugares en donde se ha asentado la creatividad. El Sur del Cauca, con Bolívar como centro, transciende más allá de su entorno, para llamar a miles de visitantes que disfrutan una celebración ingeniosa y desbordada. Es como el norte de las celebraciones caucanas que ni siquiera la capital ha podido consolidar, pese a las búsquedas, a los cambios de nombre, a la iniciativa comercial, a los mecenas transitorios buscando hacer un carnaval de trascendencia.

Un buen carnavalesco pude comenzar con la feria de Cali. Si el hígado aguanta bajar de pueblo en pueblo por Santander de Quilichao, el Bordo; ir al Tuno y a Balboa; llegar a Pasto. Se puede regresar por Buesaco, La Unión y San Pablo. Pasar a Florencia y Mercaderes; darse un descanso en Bolívar. De allí, si el bolsillo resiste, dar un salto a la feria de Manizales y conectar con las fiestas de Armenia. Hacer parada en Pereira para completar con el Bautizo de Jesús. Si no para bolas a la inflación, el 20 de enero puede trasladarse a Sincelejo, gozar de mar y playa en Santa Marta y Cartagena mientras arranca el carnaval de Barranquilla, y pasarse por Riohacha al festival de acordeones.

Ya estamos en cuaresma y Popayán los espera con su Semana Santa (parranda santa). Un salto del charco para la fiesta de la Luna Verde, en San Andrés islas, regresar al Festival Internacional de la Leyenda Vallenata, en Valledupar. En mayo están El Mono Núñez, en Ginebra Valle, y el festival del Bunde en Espinal, abrebocas a las celebraciones folklóricas del Tolima Grande. El Festival Folklórico de Ibagué y el Festival Folklorico y Reinado Nacional del Bambuco, en Neiva. En Julio, las fiestas del mar en Santa Marta y el Festival del Joropo en Villavicencio. En agosto las fiesta de las flores en Medellín, y las fiestas del litoral en Buenaventura. En octubre el Reinado Nacional del Turismo, en Girardot, y el encuentro mundial de coleo en el Meta. En noviembre el reinado nacional de la belleza en Cartagena y las fiestas nacionales de la agricultura en Palmira. Y  listo para arrancar con la ronda, sin dejar de lado las celebraciones de pueblos y veredas, teniendo en cuenta que las fiestas que perduran lo hacen por la originalidad, por la imaginación de su gente, por el involucramiento de propios y extraños.