Los acojo en mi seno, Rodrigo y Carlos Julio
Edgar Artunduaga
Ni pretencioso ni soberbio. Eso le quedaba bien a José “presunción” Silva, pero no a este humilde opinador de la vida regional.
Bienvenidos Rodrigo Lara Sánchez y Carlos Julio González a este rincón fresco, afectuoso y reconfortante, en medio del calor neivano, que nos mantiene atolondrados. Ofrezco mi seno protector para acunarlos, tras la tormenta vivida, como dice la Santa Biblia y no con visos pornográficos, si algún mal pensado lo infiere con malicia de mi mensaje espiritual.
Ustedes –y otro centenar de notables y brillantes figuras- fueron apoyados mayoritariamente en las urnas, en un pulquérrimo proceso electoral, que dejó tendidos en la arena a otros buenos ciudadanos. Cabriolas del destino.
Que tantos halagos y lagartos no los vayan a envanecer. A propósito, Ana María Rincón parecía reina popular de Timanco, encaramada en el carro de bomberos con el nuevo alcalde, repartiendo besos (ella), creyéndose la gestora del triunfo. Rechacen tanta melosería o pueden quedar –antes de posesionarse- como aquel anciano que murió ahogado bajo las flores que le arrojaban.
Según me lo he oído decir a mi mismo, la vida es aprender a solucionar problemas, los de hoy, no los de mañana “y desgraciado aquel que sufre por lo que habrá de venir”.
Ninguno de los dos (que yo sepa) tiene un estilo de vida crapuloso, pero no sobra recordarles que miles de ojos los estarán observando. Yo lo haré con la delicadeza y dulzura que amigos y contrarios me ponderan.
Conozco algunas de sus cualidades y defectos. Carlos Julio habla bonito pero no dice nada. Rodrigo es menos manso de lo que parece. Sin embargo, todos esperamos que la sabiduría y bondad los conduzca a salir aplaudidos de sus cargos.
Quiera Dios que cascajos del pasado, pecados de familia y errores personales no se vuelvan onda expansiva que oscurezca las buenas intenciones de hoy.
Esto de la condición humana es más complejo que conocer el cuerpo de una mujer, según mi amigo Julio Ramón, quien murió confundido, desconcertado y triste, después de toda una vida de estudio. Es una tarea tan lenta y tan encomiable, decía, como aprender una lengua muerta. Siempre quedarán misterios por desvelar.
No pretendo enseñarles de política, cuando tengo a mis espaldas más derrotas que victorias. Lo mío es el privilegio de este pequeño púlpito para expresar mis opiniones sobre ustedes y sus actos de gobierno, que (no recuerdo quién lo dijo) deben ser zarandeados como quien tira de un arbusto para comprobar la solidez de sus raíces.
Espero ansioso que se posesionen para animarlos con tiernos pechiches...!como corresponde! Buena suerte.
