Lo urgente y lo importante
Orlando Parga
El tiempo es implacable, duro, severo y riguroso. Calificativos que demuestran lo fugaz en el paso de nuestra vida por este mundo y surge desde luego la pregunta ¿Cuánto tiempo le dedicas a las personas cercanas que te rodean y están junto a ti?
El tiempo no se detiene ni nos da espera, y solamente cuando caemos en desgracia, en desdicha, en la adversidad y calamidad o en una infelicidad, nos detenemos a pensar cuánto hemos tardado en ocuparnos de lo verdaderamente importante y no únicamente de lo urgente.
La vida nos pasa tan rápido y estamos tan ensimismados en lo que creemos es importante, que no nos damos cuenta que todo a nuestro alrededor se vuelve fugaz, efímero y momentáneo, nos perdemos en un egoísmo que no nos permite desprendernos, donar y regalar algo tan preciado y valioso como es mi tiempo. Y más en esta época de la cultura de lo efímero, de lo desechable, en el que las relaciones ya no son duraderas, ni siquiera las conversaciones, ya nadie se enamora para compartir toda la vida, la amistad no perdura, la solidaridad se esfuma, los sentimientos se desvanecen con una velocidad inusitada, cada vez es más difícil echar raíces o anclar por lago rato en una causa. Y ni qué decir de las cosas, que se adquieren y se desechan rápidamente: todo se deja para después o se cambia a gran velocidad.
Hoy lo urgente es trabajar para producir, tener éxito, ganar dinero en abundancia y adquirir, comprar el último grito de la moda o la tecnología de punta, convertirse en el centro del universo, en el más admirado o popular, pero ignoramos que lo importante es detenernos también a pensar en los otros, abandonar nuestro propio egoísmo, amar sinceramente, compartir y ser solidarios ante las necesidades y angustias por las que atraviesan nuestros seres queridos. Solo si privilegiamos lo importante sobre lo urgente recuperaremos la capacidad de ver, entender y atender a las personas caídas en desgracia, que tarde o temprano seremos nosotros mismos, por situaciones ajenas a la voluntad, ante un infortunio de la vida o que atraviesan un duelo por la pérdida de un ser querido.
Hay personas que se dedican con altruismo a la atención de enfermos en hospitales, albergues infantiles y ancianatos que con vocación religiosa ofrecen su vida a la asistencia de la humanidad. Debemos resaltar con generosidad la labor que realizan nuestros Sacerdotes, Religiosos y Religiosas al dedicarles en forma generosa y sin esperar recompensa o distinción por ello a los más necesitados.
Debemos seguir su ejemplo que no es una dedicación parcial de su tiempo sino una total de entrega al trabajo generoso por las personas que sufren en esta región del país. En las calamidades siempre sale a relucir el liderazgo de la pastoral social en las diferentes Diócesis del país con una dedicación exclusiva y total.
Esos ejemplos nos sirven para nosotros dedicarles tiempo a nuestro prójimo, a los más cercanos que caen en situación adversas como por ejemplo en una enfermedad, han perdido todo por las malas inversiones económicas, el fallecimiento de un familiar, o la separación.
Por eso las cualidades personales para dedicarse a otros son muy sencillas como salir de nuestro egoísmo, superar el individualismo e ir al encuentro con total donación y entrega desinteresada por nuestro hermano que sufre, asumiéndola con actitud de servicio. Ya el Padre Rafael García Herreros nos animaba con su famosa frase "que nadie se quede sin servir".
Del mismo modo, cultivemos con valor y paciencia el compartir de nuestro tiempo con las demás personas. Es un reto y un compromiso con la sociedad que reclama un mejor bienestar y tranquilidad. No espere recompensa ni mucho menos se desanime porque no exista reciprocidad, ofrézcase con alegría y gratitud. Por eso al dar con humildad usted crece como ser humano bondadoso contrario al que recibe con descortesía.
