Lo triste es así
No todo tiempo pasado fue mejor. Somos producto de lo que nos rodea y sin querer queriendo nos recortamos y añadimos para encajar en el molde.
Diariamente los medios de comunicación nos saturan de alimañas y venenos: tantos niños maltratados, mujeres violadas, celulares hurtados, ciudadanos saltando como monos para abordar a mansalva el Trasmilenio. Los diálogos de La Habana se cocinan, los dialogantes de La Habana se enfurecen, el amo hizo de las narices de la “compañera” una flor supurante, el gobernador encasquetó en su cuenta personal los dineros públicos, Uribe protesta como poseso, Ordóñez, entre nubes de incienso y celebraciones imperiales, decapita y amputa. La minería ilegal o autorizada por funcionarios inflados como globos, nos lleva por delante; los campesinos corcovean, el salario mínimo, por famélico, corre el riesgo de volar con el viento; los “honorables” descansan; sube el importe de la carne y bajan las redondeces masculinas, femeninas e infantiles de los desposeídos. “La descuartizó el marido en un arranque de amor”, la violó el padre en un exceso de celo, lo dejaron parapléjico en un duelo de caballeros en plena calle y a pleno sol. En fin, un tango interminable, un mazacote de jaculatorias y penumbras equívocas y las aves de rapiña como ayer y como hoy podridas de poder y dinero ante los ojos resignados del de abajo y las garras afiladas del de arriba. Ahora está de moda cambiarle el relieve del rostro al que nos caiga gordo prodigándole una abundante dosis de aceite de batería o ácido corrosivo. Mucha boca fuera de lugar, mucho ojo asomado al revés, mucho pómulo desbalanceado; surcos zigzagueantes en las mejillas, en el cuello, en el vientre como tentáculos de una infamia instalada cómodamente en lo más siniestro de la humanidad. ¡Qué horror! musitan los togados ¡Avemaría purísima! gorgotea la matrona, mientras entre coctel y coctel los empingorotados administradores de una justicia más traicionera que un columpio de vuelo, “piensan, luego existen”.
El revuelo suscitado por los ataques con ácido pasará como pasan las nubes del verano. ¿De qué se aterran? ¿Por qué se hacen cruces ante los crímenes guerrilleros, las crueldades paramilitares o los saqueos de cuello blanco? Pero si dejamos correr el río como si no estuviera sucediendo nada. Entre tanta doctoritis polvorienta, tanta ignorancia instituida, tanto machismo patético y tanta podredumbre a la intemperie, nos oscurecimos sin tomarnos en cuenta.
