Lo que el petróleo nos dejo
Aquellas épocas en que la alegría de la gente y la satisfacción de los gobiernos seccionales por anuncios de yacimientos petrolíferos, no tienen hoy la misma connotación. Sin duda todo cambio, la nueva ley de regalías obligo a departamentos y municipios a evaluar la capacidad de auto sostenimiento presupuestal, auto suficiencia fiscal.
La generación de empleo fue otra gran ilusión que no colmo las expectativas regionales, por lo contrario estos espacios para el caso del Huila fueron llenados por foráneos; que decir del impacto ambiental, reflejo diario y hoy noticia con imágenes apocalípticas en los medios de comunicación; para colmo, una Ministra que no ve y tal vez haciendo eco a su jefe tal tragedia no existe; para los entes territoriales el golpe a las finanzas de inversión, no tienen precedentes, la centralización de decisiones y la consecución de recursos está sometida a la imperiosa burocracia nacional, a la forma en que se reparten la mermelada y la capacidad de gestión del gobernante de turno. Hoy solo queda la amenaza permanente a nuestros afluentes, nuestros paramos, el deterioro implacable de las vías, las promesas de campaña, la sísmica, la protesta social basada sobre la defensa a la vida misma; para el Huila hoy es preocupante la invasión de más de 600 tractomulas que de manera permanente generan una alta tasa de accidentalidad y mortalidad que solo se compara con las victimas que ha dejado el orden público y la creciente inseguridad que vivimos. La única vía al sur está saturada, colocando en jaque a nuestra economía; por ejemplo para llegar a San Agustín, desde Neiva en promedio ya son cinco horas de viaje, sin duda ello desconcierta a los turistas y a nuestros campesinos, empresarios y comerciantes a quienes se les maximizan los costos y el tiempo para llegar a los mercados con productos como café, panela, granadilla, leche, arroz, ganado, mojarra roja, y tantos otros productos que son definitivamente nuestra verdadera riqueza. Poder adelantar un convoy de trato-mulas, algunas inclusive cargadas con arroz de contrabando que el gobierno no ve, se convirtió en un ejerció suicida de los conductores en las vías del Huila. Ojala los que salieron electos y así como el próximo presidente logren interpretar lo que aquí ocurre para que legislen y ejecuten las soluciones que el Huila necesita.
Por: Carlos Eduardo Trujillo González
