Lo grande que es perdonar
Por Orlando Parga
Colombia es uno de los países con mayor número de población Católica y Cristiana, ocupa un preciado sexto lugar en el mundo y tercero en Latinoamérica, siendo superado solo por Brasil, y México. Si la mayoría de los católicos y cristianos colombianos nos tomáramos en serio los valores del evangelio, emprenderíamos la reconstrucción del país comenzando por aplicar la misericordia.
Las personas que han tomado el camino de la ilegalidad y el mal, los enfermos sociales, excluidos y rechazados son redimibles desde la óptica cristiana, por lo tanto debemos aceptar sus solicitudes de perdón y reconciliación pero no nos corresponde juzgarlos y sentenciarles penitencia alguna. Estos extravíos de la legalidad y el bien son producto de la crisis de valores que vive la sociedad actual. Y al contrario, la virtud revelada y heredada por Dios es la Misericordia-. Por lo tanto la misericordia es salvar.
Esto incluye el perdón genuino y gratuito al enemigo, el darle la oportunidad de cambio o de enmienda a quien ha errado o quebrantado el orden natural, los mandamientos cristianos o la ley terrenal, inclusive como hizo Jesús en la cruz al salvar al ladrón arrepentido. De lo contrario ¿Cuál sería nuestro mérito como cristianos?
Colombia necesita retomar la misericordia del Padre Dios Amoroso y Bondadoso. Este es un concepto cristiano que no obliga a todo el mundo a ponerlo en práctica sino solamente a aquel que camina en la fe. Esta es una opción de fe.
El camino es la misericordia del Dios bondadoso, misericordioso y lleno de amor. Con Jesús quedó atrás la idea del Dios cruel, violento y mezquino que siempre lleva en cuenta nuestros delitos. Ver al otro no con sus fallas sino como persona semejante a mí y capaz de enmendar y hacer el bien. Eso me desarma porque no veo en el otro un contrincante o un enemigo.
La otra persona está en desventaja por la situación en la que se haya, en la que por su caminar extraviado ha perdido toda dignidad humana, tiene fallas pero también tiene un mar de posibilidades de buscar el perdón. Antes del perdón al descarriado arrepentido, debemos amar a la persona. La misericordia es la posibilidad que me da el otro en descubrirlo para ayudarlo y restituirle la dignidad y la confianza perdidas.
Se imaginan al Padre Dios, la alegría que debe sentir cuando vuelva el hombre arrepentido a su rebaño. En la parábola del Hijo Pródigo y Padre Misericordioso señala: lo vio, se conmovió, corrió a su encuentro, lo abrazó y lo beso. Aceptó el arrepentimiento pero no la expiación. Pide que le traigan la ropa y le restituye la dignidad. Le pone el anillo que significa el sello y le entrega la administración que simboliza la confianza.
Por lo tanto, no dude usted de su bondad ni de su generosidad. En esta época de perturbación, Colombia necesita de la generosidad de hombres y mujeres que inspiren grandeza. El que no eximió ni a su propio hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? Romanos 8, 32.
Ya debemos quitarnos el lastre de país paria, violento. La sociedad colombiana exige profundos cambios en donde reine una esperanza para un país mejor, en donde existan normas de convivencia que sean aceptadas, respetadas y cumplidas por todos y todas. Esta es la hora!
