Lo Bueno, Lo Malo y Lo Feo del Fallo de La Corte Constitucional
El Pájaro de Perogrullo
Como era de esperarse, la Corte Constitucional decidió darle un espaldarazo al Gobierno aprobando el plebiscito para la paz. Pero como toda acción humana, tenemos al final un fallo con cosas buenas, malas y feas. Empecemos por las buenas. Respiro con alivio la decisión de la Corte en el sentido de que se trataba de un acuerdo político y que no significaba que el acuerdo final, al ser aprobado y refrendado por el pueblo, se incorpore directamente a la ley y a la Constitución. Igualmente, respecto al carácter vinculante, creo que fue acertada la decisión de que solamente lo es para el Presidente de la República. No dijo nada la Corte respecto a para cual presidente, pero supongo que lo será para el que está actualmente en ejercicio y es quien hizo o hará los acuerdos, y no los demás. Esperemos sea así. Igualmente, la Corte determinó que la divulgación a los ciudadanos se debe hacer de manera concomitante al informe que haga el Presidente al Congreso sobre la intención de convocar el plebiscito. Creo que esto era apenas lógico, debido a que el pueblo y el Congreso se deben enterar de primera mano, y al tiempo, sobre el contenido de lo acordado. Sigamos con las malas. Según la Corte, el mecanismo escogido, es decir un plebiscito de sí y no, sin umbral, no viola la Constitución Política. Argumentos puede haber para un lado o para el otro, es decir, para que ello sea o no inconstitucional. La realidad es que, según el decir de la Corte, al no contar con un umbral el texto constitucional, un umbral del 13% del censo electoral, es decir, algo menos de 4.5 millones de votos, es razonable. Discrepo con la conclusión de la Corte. En realidad, un umbral tan bajo le implicará una falta de legitimación política al plebiscito, lo que puede poner en entre dicho su aceptación popular y generar problemas en la agenda política futura. Ahora lo feo. Nada dijo la Corte respecto a la formulación de la pregunta. Suponemos que es sí o no al acuerdo final, y lo que contiene y significa, y no un sí o no a la paz. Igualmente, como algo feo, el plebiscito se volvió un sí o no a la gestión de Santos y no un asunto de conveniencia nacional, es decir, un sí o no a varias preguntas y a la manera como los colombianos queremos que se construya la paz. Finalmente, como algo insólito, y dentro de esta refrendación a Santos y a su gestión, y no a una paz adecuada y duradera, se va a dejar participar en la campaña a los funcionarios públicos, para lo cual simplemente se indicó que no lo podrán hacer por un movimiento político. Me pregunto si serán imparciales o sus jefes dejarán que participen en contravía de sus deseos o si esa participación no implica que esos funcionarios estén o no apoyando a un partido. Creo que esto es un gran error y va en contravía de la tradición colombiana por la cual los funcionarios públicos no han participado en política, y este plebiscito tiene toda la connotación política. Así, la participación de los funcionarios públicos desequilibrará el campo de juego de una manera inadecuada. Finalmente, tampoco se dieron garantías para el no, el voto en blanco y la abstención y la financiación de las campañas, distintas a la del si, que tendrá toda la mermelada oficial. Lo que ocurrió, simplemente, es que la Corte, a pesar de sostener en muchas otras oportunidades su tesis de sustitución de la constitución, para no echarse encima un INRI, determinó, en una decisión más política que jurídica, hacer lo de “Pilatos” y, por ello, se lavó las manos y no hizo un pronunciamiento estricto, de fondo y democrático sobre la idoneidad del procedimiento a la luz de los preceptos constitucionales, para que así no la pudieran señalar como la entidad que “hundió la paz”.
Tercio Extra: Juan Mario Laserna, un gran colombiano. Hará falta. Paz en su tumba.
