domingo, 12 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-10-22 09:19

Liricos brujos y nobel

Alvaro Carrera

Escrito por: Redacción Diario del Huila | octubre 22 de 2016

Todo tiene su comienzo. La historia como la intuición humana, tejen el pasado con el ahora y el futuro. Orar a los dioses y contar la historia, era tan arduo y serio, que el verso y la poesía se hicieron indispensables. En versos se memorizaron los primeros relatos acompasados por tambores y el lirismo de los instrumentos de viento. Quevedo, Cervantes, Shakespeare, los clásicos más cercanos a nosotros, desde luego apoyados en los antiguos griegos y romanos y la imaginación oriental, extrajeron de la estirpe de los rapsodas la lírica escrita. La poesía, la novela, el teatro. La literatura, el libro destinado a la imaginación de un lector. Un químico genial pero con sentimiento de culpa, creó un premio para humanizar a los humanos. Antes de los hippies y la marihuana, ya alcanzaba para estimular la literatura. Así como es difícil imaginar un premio Grammy para un discípulo de Walt Whitman o de Neruda, hemos sido sorprendidos por un Nobel para un músico “vanguardista”. No podía tratarse de un reconocimiento al sensible tango, a las preciosas estrofas como las de un Juan Gabriel, Serrat, y tantos otros grandes poetas que han cantado al amor (incluyendo el lirismo musical del oriente). Se trata de premiar la protesta y el vanguardismo de los años cincuenta. Del reciclaje con fusiones sospechosas, de la música por encargo para reclutar adolescentes y su enorme mercado, del plagio compartido y simulado. ¿El Nobel de literatura para el músico Bob Dylan, puede contener un mensaje subliminal de admiración a Walt Whitman? A la irreverencia, contra la rigidez y el tradicionalismo? Pero lo incomprensible es que hoy el mundo está lleno de poetas que siguen y admiran el verso libre del norteamericano. Un premio para un cantante, de todas maneras desconoce y degrada el trabajo y la creación valiosa de muchos autores que se consideran vanguardia con el dogma de romper las reglas. Hablando localmente, hoy un verso de José Asunción Silva, no lograría ni una mención en el concurso anual de la Casa Silva en Bogotá. ¿La razón? Posee rima, tiene contenido, con metáforas aprehensibles, sin algorítmicos mensajes y especialmente estético y bello. Sin embargo la historia ha continuado y en este siglo XXI, mucho ha enseñado. Incluyendo, que el vanguardismo y la rebeldía extravagante de la mitad del pasado siglo,  ya tiene también un sabor añejo de culto reverente a la irreverencia. De culto a la decadencia, como puede estar ocurriendo con el PREMIO NOBEL.