miércoles, 15 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-09-01 06:44

Liderazgo para una democracia amenazada

Por Luis Miguel Flórez Saab

Escrito por: Redacción Diario del Huila | septiembre 01 de 2015

En 1991, un informe de Naciones Unidas, señalaba que la verdadera causa del abandono en que se encontraban amplios grupos de nuestra población, estaba en la ausencia de compromiso político más que en la escasez de recursos financieros.

Ese mismo año se promulgaba la nueva Constitución Política de Colombia, y en ese acto, las notas solemnes del Mesías de Händel, auspiciaban un ambiente de cambio y  esperanzas para el país.

Varias transformaciones a favor de una sociedad más incluyente y plural, el impulso final a la descentralización política, y las bases para una democracia participativa, ensancharon los espacios políticos y crearon oportunidades para nuevos liderazgos, especialmente en las regiones.  

Sin embargo, a casi 25 años de este suceso, los avances obtenidos se ven menguados por una desbocada corrupción. Funcionarios deshonestos, mafias de contratistas sin escrúpulos, que igualmente financian campañas, y dirigentes políticos cómplices o negligentes.

Un peligroso escenario, en el que de otro lado, una ciudadanía asqueada y apática se aísla de los procesos democráticos y le cede terreno a los más astutos, codiciosos o violentos, debilitando la confianza en las instituciones y la eficacia de la gestión pública.

Frente a esto, más allá de los buscadores de poder, una democracia saludable debe exigir y recuperar un liderazgo  auténtico que, aparte de la infaltable la vocación de servicio, integre tres dimensiones esenciales: La visión estratégica,  la dimensión psico-social, ( entendida como la capacidad de comunicar y motivar una visión de futuro), y la  dimensión ético-moral.  Si una de estas es negativa, no existe liderazgo.

Ninguna democracia se puede construir sin una visión estratégica a donde dirigirse, sin habilidades de comunicación e influencia en la integración de equipos y manejo de personas, y mucho menos, sin calidad ética.

Un líder es en primer lugar un gestor del cambio. Es la primera función del liderazgo llevar la sociedad, hacia nuevos destinos.  Un gran comunicador pero sin visión ni estrategias, puede convertirse en un demagogo. Y el que únicamente posee credenciales éticas, mejor debería dedicarse a ejercer bien su profesión u oficio.

Necesitamos líderes con esas competencias, que puedan diseñar y ejecutar propuestas políticas de trascendencia. Que sean capaces de institucionalizar modelos de desarrollo sostenible para enfrentar la injusticia social, las expresiones de violencia y abonar a la construcción de la paz. 

Los antiguos griegos definieron a la política como el arte de realizar el bien común. Nos urgen líderes que lleven a la práctica esa idea superior, sin ambigüedades ni pérdida de tiempo.