domingo, 12 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-07-13 08:36

Libertad nuestra de cada día

Gloria Cepeda Vargas

Escrito por: Redacción Diario del Huila | julio 13 de 2016

Si volviera a nacer y tuviera la oportunidad de  escoger el sexo, reincidiría, a pesar de inris y sambenitos, caricaturas y malos bocetos y de esa careta que nos impusieron los caballeros “de la triste figura” en la desaforada cantaleta que estoy escuchando desde los bancos de primaria.

No soy masoquista, al menos no me he pillado en plañidos existenciales. A pesar de haber lucido velo y corona de nítido azahar   cuando el sol todavía no me daba en la espalda, no recuerdo haber metido en el mismo plato  amor y  salvajismo ni mucho menos concluir que mi compañero era un ser superior aunque me llevara como diez centímetros de estatura y varios decibeles en el sonido de la voz.

Regresaría a mis recovecos biológicos, a mis desagües lacrimales, a mis catarsis emotivas. Volvería, no a jugar con muñecas porque nunca me desvelaron esos almidonados bebés  de celuloide que coparon las navidades de mi infancia, pero sí a jugar trompo y bolas en los recreos y hasta en las esquinas del Popayán de entonces con el atenuante de que “era una niña  indisciplinada”, tal y como me calificaban mis inolvidables monjitas salesianas. Regresaría a la exploración y maestranza de la soledad que de tanto me ha servido en la vida, a la administración pragmática de mi debilidad física, a la acechanza conmovedora de los muchachos del liceo y a decir sí cuando estaba pensando todo lo contrario.

No obstante haberme visto obligada a drenar mediante escritos medio locos, medio cuerdos,  los chichones que me asestaron las inequidades conocidas, volvería a llamarme Gloria o Anastasia, María o Salomé, nunca Abelardo, Jorge, Vicente o Segismundo.

¿Creen que es poco descender de la primera neonata-producto de algo tan aséptico como un alumbramiento costillar ¡y masculino!? ¿De representar para los deslumbramientos varoniles el ángel y el demonio en un mismo paquete? ¿De encarnar el máximo e imperdonable insulto? ¿Por qué no sacarán a asolear en esas mentadas de  madre, los nombres  del padre, del abuelo o del tío? Sencillamente porque son solo eso: el padre, el abuelo o el tío.

Claro que a las antesalas de mi juventud se las llevó el verano. Pero no deja de ser motivo de agradecimiento poder vivir lejos de exposiciones vitrineras,  como sucede con esos productos artesanales de las ferias de Semana Santa, tal y  como han de hacerlo los testiculados caballeros, si no desean ser precipitados a las tinieblas exteriores. Sufrir vergüenzas indecibles por no “poder responder” o verme obligada -¿u obligado?- a incluir en la canasta familiar la cajita de Viagra, bastón misericordioso para esas cojeras a las que no permiten descansar en paz.