martes, 14 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-10-28 08:29

Lecciones del 25 de octubre

Delimiro Moreno

Escrito por: Redacción Diario del Huila | octubre 28 de 2015

Impactos

Las elecciones regionales del domingo pasado dejan múltiples  lecciones locales  y nacionales. A nivel local,  se rompió  el dominio del Departamento  que por varios años tuvo la tenaza Gómez Hermida- Villalba Mosquera que no tuvo el músculo electoral suficiente para imponer su candidato de turno, Carlos Ramiro Chávarro, porque el liberalismo, dirigido audaz  y eficazmente  por su burlado candidato  Julio Enrique Ortiz, les aguó el paseo y se volcó sobre Carlos Julio González Villa, quien hábilmente recogió ese descontento y se llevó la Gobernación. Primer golpe certero a Villalba que por cumplir su compromiso con Gómez Hermida, perdió la jefatura de su partido y la Gobernación.

El segundo, más grave, porque es la capital y  es  liberal, Villalba lo recibió en Neiva, donde a pesar de que inicialmente pensó en apoyar a Lara por su condición de hijo del mártir y su pensamiento claramente liberal, luego  se dejó convencer de que la demagogia desplegada por Gorky lo hacía imbatible en Neiva, y se decidió a regañadientes por él. Pensó también  que la aparente división del voto de opinión con la candidatura del joven y carismático Germán Bahamón, le restaría fuerzas a Lara Sánchez y garantizaría el triunfo de su maquinaria con el apoyo de sus contratistas. La realidad fue otra  y el descalabro fue total. Y eso significa para Neiva la derrota de la corrupción, el clientelismo y los contratos amarrados a unos cuantos amigos del alcalde y de la dupleta Villalba Mosquera-Gómez Hermida, porque el alcalde Lara Sánchez ha prometido –y sabemos que lo cumplirá- que en adelante  sobre la contratación oficial  habrá “muchos ojos y pocas manos”. Con el triunfo de González Villa y Lara Sánchez se abre  un nuevo capítulo en la historia del Huila y de  Neiva.  La tenaza Villalba Mosquera-Gómez Hermida ha dejado de existir, ojalá para siempre.

En lo nacional, Gustavo Álvarez Gardeazábal en su agudo  “Jodario” de ayer lo  describe bien:

“Uribe demostró que el triunfo le es esquivo cuando él no encabeza y que su organización de amas de casa y militares retirados llamada Centro Democrático no saca un chivo a miar. En Cali están felices porque el nuevo alcalde es Armitage, un oligarca que ha trabajado 70 años consiguiendo su plata, que no ha tenido jefe y hará obviamente lo que le de la gana. ¿Habrá sido eso un triunfo para Cali? En Medellín no están felices porque les tocó presenciar la derrota de su mito viviente, el doctor Uribe. Pero quien les ganó, Federico Gutiérrez, es un bacán, piensa con bríos juveniles y actúa con modestia. Simpático y entucador. Los paisas ganaron futuro”.

No se trata solo, pues, de que en el Huila el uribismo, que se sentía tan sobrado porque en las elecciones  pasadas su candidato presidencial había ganado en todos los municipios (lo cual le garantizaría no solo la gobernación sino las alcaldías de la mayoría de  los  pueblos), por el mal manejo que Ernesto Macías  y Álvaro Prada –sin un voto- le dieron al partido y a sus candidatos (a quienes, sobre todo a Ciceri, dejaron solos), sino que el uribismo, esa “organización de amas de casa y militares retirados llamada Centro Democrático no saca un chivo a miar”, como dice Gardeazábal. Y se derrumbó en todo el país, lo cual es el hecho nacional más  importante de estas elecciones, con el descalabro de la izquierda en Bogotá y el ascenso del liberalismo y Cambio Radical  en todo el país. El uribismo, pues,  a escala nacional y local, ha muerto. Lo enterró el proceso de paz en La Habana