Las violencias verbales
Está claro que la violencia en Colombia, más allá de las armas, es un asunto cultural. Lo complejo del tema es que ciertas actitudes se quieran imponer a la fuerza a un colectivo, con el pretexto de que es una forma de contrarrestar la violencia.
Este es el caso del alcalde de San Vicente del Caguán, Caquetá, Humberto Sánchez, quien en un mensaje bien particular reunió a todo el personal de la alcaldía y les advirtió que no podían decir ni ‘compañero’ ni cargar una mochila.
Esta medida, sobre todo para los integrantes del Polo Democrático que siguieron en la administración, fue recibida por algunos como una medida igualmente violenta que para nada iba a lograr el propósito de olvidar la simbología de la violencia, sino que lo que generaba era un rechazo violento por parte de la comunidad.
¡Ahora se tendrán que decir colegas! Pues el mandatario de este municipio de Caquetá prohíbe decir la palabra que desde hace años, incluso los niños se dicen en la escuela.
Pero el alcalde dice que tanto la palabra como la mochila lo transportan a la época de cautiverio. Es decir, es por una cuestión personal más que en beneficio de la comunidad.
Pero esta anécdota con el alcalde de este municipio, deja mucho qué desear y analizar de este acto tan simple pero tan profundo, de lo que son los prejuicios y prevenciones en torno a ciertas personas o situaciones.
Y es que la violencia y los odios se llevan dentro, pues más que dejar de pronunciar una palabra para evitar el dolor, es más una forma de venganza, no recordar ni mencionar palabras de un pasado infeliz. Pero sobre todo, el significado que se le da a ciertas palabras que pese a que no tienen que ver directamente con una situación en particular, sí se asocian a hechos desagradables.
Pero no hay que ser injustos. ¿Qué tiene que ver una mochila con la guerra?, la verdad, hay cosas más profundas para analizar del conflicto que una simple palabra o un objeto, que para nuestro caso, no simbolizan la guerra intestina de nuestro país.
Claro, hay objetos o palabras hirientes. Por ejemplo, la camisa negra a los fascistas les recuerda algo en Italia. O para no ser tan negativos, el liqui-liqui para la costa.
No más malas interpretaciones de la violencia. Acá todos tenemos que surgir en medio de los cambios abruptos que se están registrando en el ámbito mundial y nacional.
