viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-04-17 08:57

Las verdades de la vida falsa

En la semana de pasión reflexionamos sobre la violencia que afecta, conmueve, perturba y aflige a los colombianos a tal punto que ahora podemos señalar que es la plataforma de una nueva y nefasta cultura.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | abril 17 de 2014

Es más importante para los medios nacionales el ataque violento de un desquiciado a la oficina del obispo, que una multitudinaria marcha pacífica defendiendo el agua que da vida a más de 400 mil habitantes amenazados por la exploración sísmica.

Se alteraron los valores y los principios éticos desde que se  escindieron la moral y la legalidad, y no se siente vergüenza cometer un hecho inmoral simplemente porque no es ilegal, como el reciente de una sancionada gobernadora.

Es una verdad de la vida falsa: la doble moral en casi todas las actividades empresariales, periodísticas, estudiantiles, religiosas y políticas  y son muy pocos los que nos salvamos del dedo acusador social.

En la falsedad nacen todos los males que arrinconan el país, porque una cosa es el dirigente que se presenta frente a sus electores y otra el que se mueve en Bogotá en medio de tantos intereses en donde sucumben casi todos los que tienen voto y poder de decisión.

No nos ruboriza saber que Colombia aparece en el décimo puesto de países con mayor incidencia de homicidios en el mundo y segundo en sur América, superado en Suramérica solo por Venezuela.

Son tantos los horrores que vemos que ya no sentimos ni nos perturbamos.

Me atrevo a presagiar que si logramos un acuerdo de paz, el tema de la violencia seguirá quien sabe hasta cuándo, porque  este flagelo ya es un tema  cultural. 

Los que nacimos en medio del conflicto estamos acostumbrados e igual que nuestros hijos y nietos y no nos asusta nada.

En el ensayo “Un artículo que todo colombiano debe leer", se asegura que el gran abismo entre ricos y pobres es la doble moral, el doble discurso, la institucionalización de la mentira y la corrupción legalizada que estigmatiza y excluye a las regiones que regularmente son las más atrasadas, como el Sur de Colombia.

Los problemas no son tan materiales como el desempleo, el desplazamiento, el terrorismo y la delincuencia común, porque apenas son el reflejo de un imaginario y de una mentalidad perversa y criminal.

En Colombia evolucionó toda una industria del sainete, la falsedad y la bribonada porque aquí “somos expertos en burlar la ley sin violarla”, y hacemos escándalo cuando lo cometen los demás y no nos beneficia.

Que no se formen más leyes, debemos hacer cumplir  las que tenemos sin trampa y que se acabe la doble moral para favorecer a unos y perjudicar a otros.

Con nuevas leyes no cambiarán este país  sino hay buen comportamiento, si la dirigencia no da buen ejemplo en un ambiente de equidad y de respeto de la dignidad humana, ingredientes insoslayables para lograr un acuerdo nacional  en paz y armonía.

Es necesario un compromiso que elimine la discriminación, en donde prime el derecho a la vida, que puedan convivir juntos ricos y pobres, que se respete la libertad de pensamiento, credo político, religioso y que el ser humano sea lo más importante, porque si no es así “todo estará consumado”, como en el sermón de las siete palabras.

Respeto cualquier religión que no raye contra la moral, las buenas costumbres ni abuse de los incautos que buscan ávidos la sanación a través de la palabra divina.

 

Por: Alfonso Vélez Jaramillo

banquillo2011@hotmail.com / Twitter:@velezjarami