Las trampas del ridículo
Gloria Cépeda Vargas
¿Los colombianos no vamos a aprender nunca? ¿Cuántas dosis de ridículo, de irrisión o de pa-tetismo tendremos que ingerir para llegar a ser medianamente respetables?
La entrevista supuestamente acaecida entre los tercer mun-distas Andrés Pastrana, Álvaro Uribe y el toro que más muge: Donald Trump, da vergüenza. No hay derecho a que dos individuos ungidos alguna vez con la más alta responsabilidad nacional, pelen el cobre de esta manera.
La entrevista de marras, califi-cada por CNN en Español como “un encuentro casual, muy breve, apenas un saludo en el pasillo”, es agridulce como las fábulas, aun-que Pastrana, uno de los agra-ciados del cuento, se obstine en trinar de esta manera: “Gracias a Donald Trump por la cordial y muy franca conversación sobreproblemas y perspectivas de Co-lombia en la región”. Quizá pre-viendo el filo que caricaturistas y demás yerbas sacarían a ese lápiz, Uribe se limitó a decir: “Ése fue un encuentro social promovido por terceros”.
¿Por ventura, sería el topetazo Trump-Uribe-Pastrana –el orden de los factores no altera el pro-ducto- algo como un “Encuentro cercano del tercer tipo”, una se-gunda llegada del hombre a la luna o un “Péndulo de Foucault” con todo y sus 67 metros de an-gustia existencial?
Más allá del cosquilleo que entre nosotros suscita tan hon-roso acontecimiento, el embo-zalamiento de Uribe y el provin-cianismo de Pastrana deberían preocuparnos tanto como el des-pilfarro de tiempo de las páginas sociales. ¿En qué línea del abe-cedario nos quedamos estanca-dos para que dos figuras forradas en politiquería y clientelismo
“orgullosamente colombianos”, consideren que entrevistarse con Trump es motivo de orgullo? ¿Con qué objeto han respirado durante más de medio siglo si
Además, es ingenuo imaginar que el presidente norteamericano levante una sola de sus pestañas para preguntar en qué recoveco del planeta se prepara a engu-llirse a la suegra un miembro de esa tribu caníbal que se llama Colombia. En este momento está más entretenido en probar for-tuna lanzando no precisamente pompas de jabón contra el Es-tado Islámico en Siria, o inten-tando inmovilizar con ataduras de esparadrapo a la estatua de la libertad.
