LAS SUTILES VIOLENCIAS
La movilización social por la defensa de la dignidad femenina, que lidera la gestora social del departamento, la muy dama y señora María Fernanda Ramírez de Iriarte, es una invitación a que nos concienticemos y propongamos en garantizarle a todas las mujeres una vida libre de violencia, tanto en el ámbito público como en el privado, así como el ejercicio de sus derechos, su protección y atención.
De acuerdo con un estudio de las Naciones Unidas una de cada tres mujeres ha vivido o vivirá algún tipo de violencia a lo largo de su vida. Y en la generalidad de todos los atropellos posibles se deduce que ellas padecen una violencia particularmente machista que niega sus valores y sobretodo su autonomía y sus capacidades.
Desde la jerga infantil y adolescente se usan despectivamente los términos de “nena” o de “niña” para señalar al varón débil, inseguro o de finos modales. Y hasta SoHo, dizque “La revista prohibida para las mujeres”, se atrevió a lanzar la aplicación “Radar SoHo” para que los usuarios registren “viejas buenas” (¿buenas para qué?) como animales exóticos y clasificarlas en una de estas tres opciones: “Aguanta”, “Buena” y “Muy buena” Es esta una de tantas expresiones de mercantilización del cuerpo femenino como ocurre en los destapes a media pierna exigidos a ciertas presentadoras bonitas en los espacios de farándula y entretenimiento, donde ya no hay cabida para las que la estética publicitaria ha descartado por feas, “regulares” o gordas.
Hay violencia en las pasarelas que impusieron a las modelos su afán existencial de lucir tan huesudas como verdaderos “ganchos” humanos para que sólo brille la prenda que llevan en su famélica figura. Hay violencia en los reinados de belleza que sólo rinden homenaje a los tributos físicos y a la creatividad de los diseñadores, donde las candidatas finalizan su trote respondiendo a quemarropa, en medio del cansancio y la tensión, preguntas que sólo provocan respuestas obvias o en el peor de los casos la risa y la burla del público presente. La mujer, o mejor, el cuerpo de la mujer, suele aparecer en la promoción de finos licores, cerveza, vehículos, joyas, etc., con ademanes fiero fatales insinuando en muchos casos ser al final la “presa” del galán que ostenta el producto de la marca codiciada.
Son estas las otras violencias contra la mujer que por sutiles no dejan de ser graves y que tantas veces, sin percatarnos, aplaudimos en nuestro triste papel de idiotas útiles.
